jueves, 5 de mayo de 2016

D'Onofrio tiene una sola chance

Francescoli repitió el error con Barovero y Vangioni
River Plate ayer cayó de pie. Cayó por un error propio en el último minuto pero en el partido de ida. Decir que Independiente del Valle logró la mayor hazaña en su historia, a esta altura, es una verdad de perogrullo. Pero es un buen punto de partida para entender los problemas que son propios de un equipo que desde que volvió de Japón, luego de ganar la Copa Suruga Bank, no hace más que añorar otros tiempos.

Cuando Gallardo tomó al equipo campeón de Ramón, lo transformó en un show de buen fútbol. "El Barcelona de Latinoamérica", se escuchaba. Fue ese equipo el que se floreó ganando la Copa Sudamericana de punta a punta, con eliminación a Boca incluída, mientras le regalaba el campeonato a Racing luego de un inicio espectacular.

Luego de algunas ventas, dio pena en la fase de grupos de la Libertadores hasta que, nuevamente eliminó a Boca, y ahí cada uno en su interior sabía que ese trofeo no se escapaba. El envión anímico era arrollador.

Con la Libertadores y la Suruga en manos, lejos de armarse fuerte de cara a la Sudamericana y el Mundial de Clubes, la dirigencia optó por vender sus joyas e inmediatamente empezó la caída. Estrellarse contra los errores propios ante Huracán en semifinales (igual que en Ecuador, vale el paralelismo), penar en el campeonato local para llegar a otro mercado de pases como nos tiene acostumbrados esta dirigencia. Jugadores campeones que se van sin generarle ingresos a River, un Gallardo que le doblega la decisión de la Comisión Directiva de que no jueguen quienes no renovaron contrato y un mercado de pases que da la sorpresa para cuando la pretemporada está concluída. El desorden, la regla.

Otro semestre regalado. River ya acumula 8 meses y 22 días sin jugar dos partidos seguidos a un nivel aceptable para el paladar millonario.

Gallardo lo entiende bien y lejos de esquivarle a la crítica ayer dijo que "hay que empezar de cero", una frase de la que debería tomar nota D'Onofrio, Francescoli y todos los que regalaron jugadores. Dentro de dos partidos, Barovero y Vangioni se sumarán a la lista de jugadores que se fueron libres sin dejarle un peso al club.

"De cero" quiere decir que hay que hacer borrón y cuenta nueva. Limpiar jugadores que no sirvieron. Traer jugadores para el estilo Gallardo, no solo para tapar ahujeros que dejan los que se fueron y se irán. No hay margen de error. Solo ganar la Recopa y, sobre todo, la Copa Argentina.

Esa es la parábola. Gallardo recibió un equipo campeón, lo potenció, se lo desarmaron y, por ahora, está mirando la próxima Copa por TV. Sabe que es inadmisible. También sabe que no depende de él.

Después de dos años y medio, D'Onofrio ya no puede quejarse de una herencia que en materia de jugadores, con el diario del lunes, fue muy buena. Hoy su herencia es un River Campeón de la Libertadores afuera de la Libertadores 2018.

Tiene una sola chance, la Copa Argentina. Un solo mercado de pases, junio. D'Onofrio sabe que es hora de demostrar que está a la altura.

jueves, 7 de abril de 2016

No confundir (River Plate 6 vs The Strongest 0)

D'Alessandro festeja un golazo
Funcionó todo. La evidencia misma. Y aquí no cabe pensar en la magnitud del rival y las facilidades que éste otorgó, porque ante la misma estirpe de equipo, River venía declinando en las últimas presentaciones. Sin ir más lejos, ante Patronato mismo. The Strongest podía hacer todo y nada a la vez. Le salió lo segundo.

River y su vuelta a las fuentes. Mediocampista central neto (Kranevitter en su tiempo, hoy Nico Domingo), volantes externos con recorrido y llegada (Mayada y Nacho Fernández por Sánchez y Rojas), un enlace concreto y de categoría deluxe (D'Alessandro por la intermitencia actual de Pisculichi) y dos delanteros, uno por adentro (la torre Alario por Teo) y el único que se repite, Mora. Y así River supo a qué jugar. Cada uno en su rol, y proyectando sociedades en la ofensiva, porque el diez y Mayada parecieron entender toda la vida con ese pedazo de primer gol. Porque Mercado y Vangioni desequilibrando justifican su presencia en la selección nacional, con la perlita del gol de Mayada con el copyright de su compatriota Sánchez. Además, retomando lo de las concesiones, dejando los espacios libres para que lo mejor de River con el Cabezón y Nacho dispusieran ante un Marteli y Bejarano inerte y a un Vaca solo contra el mundo, como ambos goles de Nacho y el de Mammana.

Si de gustos se trata, nadie puede objetar el brillo a los ojos que producía ver los 90 minutos de River, con la solvencia que supo caracterizar a los de Gallardo. Pero el mensaje no apunta hacia lo que se produjo, sino que debe hacerse hacia lo que vendrá. Aunque nadie apura a nadie, había una urgencia que tratar, y jugar partiendo desde allí es complicado a la hora de la toma de decisiones. Y River resolvió ese asunto vestido de gala, sabiendo que con las piezas acomodadas no va a venir el tercer gol tranquilizador antes que el primero que abra el marcador. Conectados ante todo, después de tanta inconexión manifiesta. Ahora el objetivo es la repetición y mecanización de las cosas para que logren el más óptimo de los funcionamientos, ese que salía con tan solo un mínimo repaso del libreto. El cambio del titular Maidana por Mammanna será lo único seguro por impronta y rendimiento, lo de los demás quedará a consideración de quien corresponda.


por Matías Prado
ex Clarín Deportes

martes, 5 de abril de 2016

River Plate presentó la camiseta naranja

La camiseta naranja que no lanzó Passarella
Luego del lanzamiento de la camiseta naranja frustrado por Passarella, River Plate finalmente presentó el día que se cumplieron 30 años de la vuelta en la cancha de Boca y la pelota naranja, la camiseta conmemorativa.
Mercado hace unos meses

Adidas utilizó una técnica interesante para generar atención cuando la hizo "filtrar" hace unos meses mediante una foto a Mercado, jugador de la marca, en una situación "ocasional".

El escudo de la polémica
Lo llamativo del caso es que en el rediseño, Adidas volvió a empeñarse en usar el negro como un elemento central de la camiseta. Esta vez no le tocó al escudo, como hizo con la del 75° aniversario del Monumental sino que al originalmente pensado, le agregó una polémica banda negra.

Más allá de esto, el color naranja emula un momento único en la historia del Club.

Al Beto, agradecimiento eterno.

El Beto Alonso en el aire y la famosa pelota naranja
Camiseta alternativa naranja de River Plate

Detalles de la camiseta naranja de River Plate

lunes, 28 de marzo de 2016

Underwood, estás ahí?

River, River Plate, Frank Underwood, Estadio Monumental, Monumental, Elecciones, D'Onofrio, Brito, Patanian
La política asoma en el Monumental
Cuando D’Onofrio perdió frente a Passarella por 6 votos, cayó en tal depresión que dejó de ir al club, dejó de ir a la cancha. Muchos lo castigaron durante la campaña por esto, pocos lo entendieron.
Tal es así, que para remarcar su presencia en el Monumental, se hizo fotografiar en la platea baja con Enzo, con quien tuvo chispazos durante 2009 por uno de sus candidatos a vicepresidente.

Desde que es presidente de River, tomó un extremado protagonismo. No había medio en el que no haya una entrevista al líder del “equipo”, como le gustaba decir. El sweater rojo sobre sus hombros vio cómo un Ramón heredado –y nunca querido-, le regalaba la estrella 35. Algo realmente impensado durante la campaña.

D'Onofrio le responde a Ramón
Sin embargo, Ramón pegó el portazo y se fue. No quiso seguir siendo destratado por un presidente que lo fustigaba por Twitter. Por lo bajo, D’Onofrio no permitía, entre otras cosas, que le quitaran protagonismo, aunque lo hiciese el DT más ganador de la historia.

Ramón y Emiliano le dejaron un equipo consolidado, dinámico y ganador. Gallardo le dio las pinceladas finales y River se transformó en un verdadero ícono del buen fútbol. La Sudamericana y la Libertadores con sendas eliminaciones a Boca catapultaron a D’Onofrio como uno de los presidentes más coperos en la historia del club.

Y volvió la tentación. “El cucurucho le gusta más que el sushi”, dijo alguien que lo conoce al detalle. Están hablando del micrófono, una tentación irresistible. “Le ponés un micrófono delante y dice cualquier cosa”, comentó otro. Esta tentación lo llevó a confesar aquello que había prometido post derrota con Passarella cuando le dijo el 23 de Septiembre del año pasado a Gustavo López en Un Buen Momento, “Yo creo en algo, en que no hay que perpetuarse. Créame que dentro de dos años y pico, terminaré mi mandato y alguien estará ocupando mi lugar. Las ganas no son infinitas y ahí empiezan los errores. Yo creo que debe haber siempre una renovación”. Ese párrafo retumbó como un trueno en el anillo del Monumental.

Por lo bajo, en el club confiesan que esto es parte de un acuerdo. D’Onofrio coqueteó mucho con la idea de no presentarse. A tal punto que “dejó correr” a Patanian como su candidato. Y un día revirtió su decisión. Pero había un problema. Sin Passarella como candidato, D’Onofrio no era el único. Brito crecía y Caselli lideraba las encuestas. Sabida es la enemistad, en aquél entonces de estos últimos dirigentes. D’Onofrio tuvo que elegir, y optó por la lógica, la inexperiencia.

La fórmula ganadora
Así formó su frente. Los fondos los aportaría Brito, la ingeniería electoral Santilli y la confianza Patanian. El trabajo de campo? Una obligación de todos los que formasen la lista de vocales y asambleístas.

La fórmula ganó la elección, campeonato y copas pero hoy, promediando el mandato, también salen a la luz falencias graves de funcionamiento, celos y pases de factura. Francescoli confesó no haberse ocupado de la renovación de Sánchez y otro jugador campeón se fue libre del club, algo que se volverá a repetir en junio con Vangioni y Barovero con el antecedente de Rojas. Tu Lugar en el Monumental llegó al punto del ridículo. Los socios que pagan ese abono antiestatutario ven como se venden entradas todos los partidos destruyendo el principio de “no hay lugar para todos, es necesario un abono para ordenar el estadio”.

El club mejoró sensiblemente, pero la base de comparación son los dos peores presidentes de la historia. Uno lo arruinó económicamente, el otro lo mandó al descenso. Ordenar las cuentas y ganar títulos generaron un contraste abismal y más aún siendo copas internacionales. Sin embargo, ninguno llegó al punto de perder jugadores campeones en los sucesivos libros de pases. Aguilar los vendía a cualquier precio y en cualquier momento, pero recibía algo de dinero. Passarella vendió hasta cuando se fue al descenso.

A pesar de estas falencias, hasta la oposición coincide en que D’Onofrio debería presentarse. “Nadie más autorizado que yo para decir que, si bien falta mucho, D’Onofrio merece ser reelecto. Así se lo anticipé al presidente en varias oportunidades”, sorprendió Caselli a este medio en Octubre pasado. También lo hizo Garfunkel cuando le dijo a este medio “D’Onofrio está haciendo un gran trabajo”.

Esto hace que en River solo se aventuran a discutir si conviene cambiar la fórmula. Y ahí comienza el desfile de nombres para las vicepresidencias.

Durante la campaña D'Onofrio dijo que "el que gane, va a gobernar por 20 años". Esto abre dos caminos, una lista de unidad con Caselli o hacer la rotación. En dicho caso, la duda que subyace en el anillo del Monumental es si existió un pacto con el banquero y D’Onofrio intentará imponer a Brito, alguien que está cada día más presente en los medios dando noticias institucionales del club, un rol que siempre ocupó el Presidente.

Si hubo pacto, habemus campaña.


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Actualización de las 16:46hs

D'Onofrio acaba de declarar en Indirecto (TyC Sports): "Si los socios, los dirigentes y mi familia me acompañan me gustaría tener un nuevo mandato en River".

De esta forma, se desdice a sí mismo condicionando su decisión a esos tres factores, de los cuales el primero y el segundo se descarta el acompañamiento mientras que "la familia" es la excusa perfecta que servirá hasta el momento de elegir, como hizo en la última elección con su silencio hasta meses antes del acto eleccionario.

Visto desde la política agonal, una reacción lógica para evitar perder poder de cara al último año y medio de mandato.

lunes, 21 de marzo de 2016

Inconexión (River Plate 1 vs Banfield 1)

Alario festeja el empate agónico
El técnico Marcelo Gallardo suele utilizar para un partido así una expresión ya muy característica en él: falta de frescura. Esa situación se da cuando su equipo no juega a lo que él quiere, lo que todos ya conocemos de un equipo con su impronta.
 
Eso mismo que él tenía cuando vestía la 10. Jugar y hacer jugar. Conectar. Y por un juego de sinónimos y antónimos, lo que hoy sucede es lo contrario. River usa el conectar como un acontecimiento aislado, no como una regularidad.
 
Eso pasó contra Banfield. Nada salía limpio desde los jugadores locales encargados de ese menester, además de estar muy largo en el campo de juego el equipo. Entonces Ponzio no lograba ser conector desde atrás con los desequilibrios de adelante, producto también de la férrea marca del Taladro sumado al oficio de Erviti para dormir el partido cuando se precisaba.
 
Tampoco tenía conexión por los laterales. Mayada y su vértigo antes que el razonamiento, y Vangioni tapado por el sacrificio de Simeone.
 
La excepción a esta regla fue la calidad y la claridad de D'Alessandro. En sus pies se rompía todo problema. De hecho la mejor asociación del primer tiempo logra el penal que luego Mora se encargó de fallar. Lo único que fallaba para esta virtud del Cabezón era que ninguno de sus compañeros estaba demasiado fino para que no quede tan solitario. El famoso efecto contagio.
 
A cambio, Banfield sí tenía de eso. Y cuando apareció, fue mucho más nítido. Colella y Soto buscando por izquierda con espacios, y Silva adentro del área fabricandose el suyo para su gol. Ya dicho acá lo que a Ponzio le cuesta la cueva.
 
El apuro contra el aguante. River buscaba contra el frontón Matheu-Pérez. River luchaba mano a mano contra su propia falta de puntería, consecuencia de la ansiedad. Y más aún cuando D'alessandro fue sustituido. No había más conexión posible. Partido de velocistas con Mayada, Viudez, Driussi y Pity Martínez.
 
Pero entró Alario. Para buscar allá arriba. Y sopló un centro de una pelota parada para desorientar al arquero rival Arboleda y darle el empate sobre el final. Un empate logrado así, de un suspiro y casi pidiendo permiso. La inconexión le dio una tregua en el resultado

 por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

lunes, 14 de marzo de 2016

Se busca regularidad (Colon 4 vs River Plate 1)

River, River Plate, Goleado, Colon, Santa Fe, 2016
Festejan otros, la postal que se repite en el campeonato
No hay excusas. No es cuestión de buscar excusas por ausencias en base a causas diversas. Es simplemente que ninguna de las líneas de River ante Colón funcionó a la altura.

Hablar de méritos del conjunto de Colón es también confuso. Ninguno de los dos había hecho algo suficiente como para merecer algo más que el otro. Todo ésto plasmado en una mitad de cancha donde en River, Domingo peleaba en soledad, Lucho no imponía su finura en la salida desde atrás, y los tres zurdos no podían imponer su habilidad y potencia, léase Pity, Nacho Fernández y D'Alessandro. Como consecuencia, Alonso solo fajándose con Conti y Venegas sin éxito. Mientras que en Colón hubo una jugada astuta desde el banco, establecer una supremacía ingresando Bastía. Ahí no sólo ganó en la lucha y presión, sino que soltó a su as Alan Ruiz.

Porque después del gol definiendo con calidad de Mammana, el diez rival entendió que moverse por todo el frente y dejar como una falsa referencia a Sperduti desorientó a la defensa y abría espacios. Su primer gol fue una búsqueda propia, precisamente tras un pivoteo de quien menos condiciones de pivoteador tiene como el ex Newell's. Ruiz buscó el hueco justo, y el empate transitorio que determinaba justicia.

La falta de precisión, el desajuste y equipo largo de Gallardo dejaba huecos para aprovechar. Domingo queda más solo aún tras la expulsión de Nacho y así quedaba todo más expuesto, como un desborde de Figueroa por izquierda que encuentra a Sperduti solitario anticipándose en el área a los centrales y a una salida débil de Barovero. El que se duerme las paga, como la marca en línea que derivó en el tercer gol de Colón por parte de su figura Ruiz. O también la carencia de opción de pase, recurrir a tiempos de más y al revoleo contra un equipo al que su técnico le pide presión constante. Barovero es un gran atajador, pero con sus pies muestra cuan humano es tras ese error, el segundo en 45 minutos para el cuatro a uno.

River no perdió el eje. Se centró en que no siempre se pueden remontar las cosas. La pregunta para el entrenador es qué pasa que no se puede mantener una regularidad que en otros momentos eran sellos letales para quien se cruzara en el camino.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

viernes, 11 de marzo de 2016

Sindrome del apuro

River Plate, River, San Pablo, Sao Paulo, empate, partida, Copa Libertadores, Libertadores, 2016,
El semblante de los jugadores de River al finalizar el partido
De Trujillanos a Sao Paulo, era esperable cambios desde la estrategia por el gran estratega. Pasar de un equipo venezolano que proponía golpe por golpe al otro brasileño con claras intenciones contragolpistas ameritaba un enfoque distinto en lo posicional. Pero River sufrió de un gran mal llamado apuro.

Quizás lo acontecido el domingo ante Boca, los merecimientos no plasmados en la red y ese cero a cero injusto daban la pauta desde lo mental que había que cumplir cuanto antes con las carencias vividas ante el eterno rival. Errores por todas sus aristas. Ningún partido necesariamente tiene su correlato con el anterior, los contextos lo demuestran por más que se repita el escenario.

River apretaba desde el centro con Ponzio y Domingo tratando de no descuidar la zona de la saga juvenil de Mammana y Vega. Pero todo lo que se quería construir desde hacia delante contaba con Ponzio impreciso, Fernández encerrado sobre la derecha contra un gran rendimiento de Mena y Driussi navegando en la intrascendencia. Y porque la ley de la fortuna es así, le iba a tocar sufrir una; fue la primera del conjunto de Bauza cuando el rebote nadie tapó al mejor de los de ellos, Ganso.
Tras eso, el partido de los de Gallardo se transformó en una urgencia aún mayor, cosa que el arquero rival Denis se encargó de aminorar enseguida con ese gol en contra de Mendes gracias a su participación estelar. Pero nada de lo anterior se solucionó, mientras Calleri y Centurion intentaban acercar peligro hacia Barovero. Esto fue más visible en el segundo tiempo, cuando el ex Boca se perdió una situación clarísima tras centro del lateral izquierdo.

River cambió con la vuelta tras la lesión de D'alessandro que con dinámica y panorama por derecha instauró algo hasta ese momento no visto: coordinación y asociación colectiva. Pero a esa altura, cuando el encuentro estaba entrando en su final, el Sao Paulo decidió dejar de inquietar al arco ajeno.
El apuro, o cómo hacer que tus piernas se atropellen con la sensatez.

por Matías Prado
Ex Clarín Deportes