jueves, 28 de mayo de 2015

Aprender de tus errores (Cruzeiro 0 vs River Plate 3)

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Sánchez abre el camino del triunfo en Brasil
Una semana atrás. Partido de ida ante el Cruzeiro, fiel reflejo de cómo la ansiedad producto de diversos factores, podía dañar el funcionamiento de un equipo como River que en este 2015 no lograba la regularidad ni la constancia que había sabido exhibir. Miércoles 27 de mayo desde las 22 horas de nuestro país, al igual que en Brasil, el conjunto argentino dando un giro de 180º en su encuentro de vuelta y mostrando cómo desde la paciencia se construyen decisiones sabias.

Así hemos asistido al modelo River 2014 en versión 2015. Ese River que bloqueaba rivales. Y la víctima fue precisa, porque lo aventajaba y en consecuencia lo dejaba afuera de la Copa Libertadores, la competencia más importante del semestre. Y con una diferencia sustancial, porque el cambio de nombres implica un cambio en su funcionamiento. Porque Ponzio no es lo mismo que Pisculichi, y sin embargo hoy el volante central es quién lleva la bandera del juego en el equipo. Desde él se basa el punto de partida en la presión por su condición natural de volante central, y con la posesión de la pelota a qué intensidad se busca el juego directo. Adaptable al contexto, Gallardo entendió que no era necesario ubicarlo a la altura de Kranevitter en las tareas de marca y contención ya que Cruzeiro ubicaba sólo a De Arrascaeta como eje, a quien el tucumano no le dio nunca margen de maniobra. Por lo tanto, el santafesino fue a cortar a un Willians muy vulnerable, evitar la salida desde él con la presión alta con la defensa y Kranevitter achicando metros y a partir de ahí, jugar. Tarea simplemente ejecutada a la perfección.

Una picardía absoluta la casi segura partida de Rojas. El complemento perfecto para el 5 que se te ocurra. Cualquiera de los dos volantes centrales de hoy junto al Lobo Ledesma tiempo atrás, deben estar encantados de tremenda rueda de auxilio. Y ante los brasileños en una tarea atípica quizás, porque acostumbrado a cerrarse al volante central para darle espacio a Vangioni para pasar, esta vez bordeó siempre la línea y desde allí cerrándose hacia adentro, mostrándose con peligro por la zona del lateral derecho Mayke.

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El plantel festeja con Maidana
River, producto del corte rápido, con los centrales anulando a Damiao y a Willian llevándolos lejos de Barovero, y con la paciencia como el ancho de espadas, produjo una contra notable con dos movimientos sublimes de Mora, quién primero se aprovechó de su elasticidad para darle a Teo la conducción de esa contra con libertades de pensamiento. Y luego con el arrastre de la marca para dejar en soledad a Sánchez quien capturó el pase del colombiano y dejó sin chance a Fábio. 

Una defensa blanda. Los centrales sin saber cómo descifrar ese enigma llamado Mora que producía peligro por donde se lo mirara y sin tener la fuerza para aguantar la embestida de un River voraz. Y se le notó derramando sangre por esa herida sobre todo producida en lo moral. Bruno y Fábio en desconexión regalando un córner sin sentido, pero que el conjunto argentino se encargó de capitalizarlo. Cabezazo de Maidana, y la serie pasaba a manos de los de Gallardo.

Y por fin Teo volvió a ser ese compañero que Mora necesitaba, porque supo conducir con el balón desde lo que necesitaba el equipo y no él. Hoy quizás sea él quien tenga que darle a los compañeros las oportunidades para ser quienes terminando el logro máximo en el fútbol. Y las buenas decisiones despejan la mente para brillar al momento de ejecutar las propias. Salud para ese tercer gol notable, y sobre todo salud para ese reconocimiento al entrenador que lo bancó en tantos momentos bajos. Es síntoma de reconocer fallas de partidos pasados.

River siguió brillando. Siguió dando muestras sobre cómo desde la conducción y la sapiencia de un entrenador que intenta estar un paso más adelante de la trama. Se le pedían cambios. Futbolísticos y anímicos. Sus tiempos de enganche como jugador de pensar y tomarse su momento para accionar de la mejor manera para el equipo los traslada hoy como técnico. Supo esperar que las piezas encajen de una manera, hacia un lado o hacia otro, para lograr ser eficientes. Quizás eso sea la causa de mayor orgullo para Gallardo, tal vez el mejor aliado de la paciencia para estas cosas.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

viernes, 22 de mayo de 2015

Ansiedad (River Plate 0 vs Cruzeiro 1)

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"Peor no podemos jugar" Gallardo, luego del partido
15 de mayo del 2015. Un nuevo día comenzaba en la República Argentina. Uno de esos bien pero bien grises, y no es precisamente a meteorología a lo que hago alusión. Un papelón del cual ya se ha emitido opinión, después de 45 minutos de un control total sobre Boca que corría con el caballo de la necesidad. 21 de mayo del 2015. Tras decisión acertada de la Conmebol en hacer acceder a River a cuartos de final, quizás la única parte bien aplicada de la sanción a Boca, el rival de turno se llama Cruzeiro. Pero River se equivoca, cree que enfrente todavía está el rival de hace siete días atrás.

La cabeza carbura diferente. Había ganas de vomitar toda rabia contenida por lo que pasó e intenciones de demostrar que esa supremacía seguía siendo tal. Pero esta vez quien estaba enfrente era un rival fresco, no desde lo deportivo ya que el conjunto de Marcelo Oliveira marcha último en el Brasileirao, sino desde lo mental. Sabía que iba a encontrarse con un equipo argentino que iba a querer imponer jerarquía, oficio y sobre todo presencia en su cancha. Y se preparó para tal situación.

Porque es cierto, en el primer tiempo River fue el de las situaciones más claras, a pesar de que Cruzeiro también tuvo las suyas. Y no sólo eso, quiso entablar el asunto lo más lejos posible de Barovero. Como contra Boca. Así fue como el trabajo de quite y explosión por las bandas de Sánchez y Martínez, sumado al tempo que marcaban Kranevitter y Ponzio en el centro del mediocampo surtía efecto para generar las mejores situaciones en el local, con Mora siendo en la delantera el jugador con mayor peso y presencia para la terminación de la jugada, ante un Teo nuevamente ausente y con un arquero visitante como Fabio atento y rápido de piernas para achicar los espacios de definición.

River se sentía ahí de concretar. Lo olía. Lo sentía. Pero una vez más pensó en el partido con Boca. Quería poner la serie 2 a 0, como para asegurar todo y dar por decretado el tema. Pero la realidad le marcaba otra cosa. Iba 0 a 0, con un rival nuevo. Y el tiempo empezó a correr, y ese gol que abriera la serie a su favor no llegaba. Y la cabeza empezó a mandar señales de agotamiento. Con la pérdida del control, Cruzeiro comenzó a soltarse del fondo y a darle dinamismo al ataque con Marquinhos y Willian. Y un error más grave aún fue creer que el contexto ayudaba para sobrecargarse de confianza. Así fue como Maidana y Funes Mori sobre todo, junto con las dudas de un Barovero eximio a la hora de atajar pero dubitativo en lo que concierne al juego de piernas, le brindó ocasiones al Cruzeiro, que ya en el segundo tiempo plantó bandera en el fondo para especular con la contra.

Mientras tanto, River seguía mostrando signos de haber quemado todo en un primer tiempo de liberación. El complemento fue un concierto de ver circular el balón hacia los costados, que sumado a la falta de movilidad y de opciones no le daban originalidad ni creación al juego. La entrada de Cavenaghi le dio toques y situaciones para pensar en que un cambio por cimbronazo podía nacer. Pero el contexto futbolístico del equipo no ayudó. Ni siquiera el aire fresco de Mayada ni la conducción ineficiente de Pisculichi. La meseta en su máxima expresión.

Cruzeiro fue allanándose el camino. Por virtudes y defectos. Huecos generados por la falta de cobertura y las incomodidades generadas a los defensores sumadas a la presencia de Gabriel quien ingresó en lugar del enganche De Arrascaeta le dieron a los brasileros más armas para llegar ante un River que mostraba debilidades defensivas. Llegó el primer signo con la pelota salvada en la línea por Vangioni tras un desborde de Gabriel y un remate de Willian. Y ya cuando el partido parecía determinar que el cero les era negocio a unos y otros, Mammana despejando defectuosamente hacia el medio, una vez más Gabriel molestando y llegando a rematar ante la salida blanda de Barovero, rebote y Marquinhos con el arco a su merced marcando ese gol tan valioso del visitante.

Los paños fríos del afuera tras lo sucedido no tuvieron su correlato con el adentro del partido de ida de los cuartos de final. River quiso mandar en esta historia sin tener la certeza de cómo hacerlo ante un rival diferente. Los pasos son de a uno. Caso contrario, la ansiedad nunca falla a la hora de comer cuando la sangre está tan a su alcance.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

viernes, 15 de mayo de 2015

Estamos Todos Enfermos

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Kranevitter en el piso del túnel luego de ser agredido
Saquémosnos un rato las camisetas. ¿Quién instauró la idea en la sociedad de hacer las cosas en el fútbol escudándose en el folclore? Cuánto daño le ha hecho eso y le sigue haciendo. No importa desde dónde empieza y cómo luego se disemina las distintas y supuestas "burlas".

Porque es tan solo una pelota rodando, nada más. ¡Qué verso eso del orgullo, de quién tiene más hombría que quién! Esas cosas no las determina precisamente el fútbol ya que es un juego, un deporte, no una condición indispensable para la vida humana. Justo en el día en que se lamentaba el fallecimiento del jugador de San Martín de Burzaco, Emanuel Ortega, y en el que toda la Bombonera se llamó a silencio en su homenaje, la misma estupidez humana llevó a atentar contra la integridad física ajena. ¿Acaso importa demasiado que la camiseta sea contraria a los sentimientos y pasiones de uno para llevar a cometer semejante acto? Y quiero insistir con algo, hoy se llama Boca, pero ésto le cabe a todo nuestro fútbol. Desde AFA para abajo. Todos cómplices. Todos mirando para otro lado. Y nadie se hace cargo.

No quedan dudas. La era de la tecnología deja en evidencia a absolutamente todos. Un partido de fútbol se puede suspender. Se puede dejar un estadio clausurado por la cantidad de tiempo que sea. Y todo detallado y evidenciado en las redes sociales, nombrando personal interno de un club para ajustar las clavijas y que la coartada salga a la perfección. De un lado y del otro dejan todo al alcance de la mano. Llamado a la solidaridad para pedir la aparición de la idoneidad e inteligencia. Se extraviaron hace mucho, y nadie sabe dónde está.

Cualquier palabra en momentos de tensión puede ser contraproducente. Cualquier situación para llamar la atención para las cámaras es sinónimo de un show innecesario. Sin importar si te toca estar de parte de la víctima o el victimario, la dirigencia se encarga de arreglar las cosas afuera del campo de juego, no adentro, para poder tener la cabeza más fría y tomar la mejor decisión para la institución. No en donde el clima y el aire se corta con una tijera y que todo puede sonar hasta desafiante e hiriente. Inexplicable lo hecho por D'onofrio también, más allá de que sea menor su acto, porque a pesar de eso elevó tensiones en los jugadores y en las tribunas, hasta poniendo incluso en riesgo su persona.

Leal es el reconocimiento de mucha gente de Boca que sentenció y repudió lo sucedido. Honesto es bañarse de empatía y comprender que por cómo se lastimó a jugadores rivales no había otra alternativa que la suspensión. Porque quién dice, quizás, lo próximo a suceder era muchísimo peor. Este escándalo, premeditado, se escribe con letra imprenta. El impacto negativo que genera ésto en lo global deja una verdadera mancha. Las otras son de chiquitaje. Mientras tanto, el 6 de junio habrá una final de la liga de campeones en Europa, donde la organización, la competitividad, el despojo de egoísmos, la seguridad y un sinfín de cosas más están garantizadas de forma positiva. No nos quejemos, todos aportamos para estar cada vez más lejos de ese ideal.

Cierto, hubo 45 minutos de un partido de fútbol que todos estábamos esperando. Pero mi decepción es más fuerte para comentar algo al respecto. Sepan disculpar.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

miércoles, 13 de mayo de 2015

Nada se le parece


Cerrar los ojos. Soñar. Soñar con que después de 90 minutos de una trilogía de suspenso, vayas a tu casa y descanses con la cabeza relajada. La necesidad de encontrar ese horizonte en el cual se halle el objetivo a cumplir. Ese momento en donde se dirime la historia está por llegar.

No descubro la pólvora precisamente si digo que jugar este partido contra los de la vereda futbolística de enfrente no se le parece a nada. Sensaciones. Ansiedades. Nervios. Cosquilleos. Ponele el rótulo que se te antoje. Todos valen.

Pero el ambiente, fundamental para una organización futbolística, léase equipo en este caso, será marcadamente hostil. Y todo ese manojo de cosas que se siente en la previa puede transformarse en un arma de doble filo. Ya en el partido de ida se caminó sobre una cornisa innecesariamente por este tipo de cosas. Clave en ésto será encontrar la paciencia para que corra el tiempo, manejar con criterio la ventaja que se posee y sobrecargar de responsabilidades al rival.

A Gallardo le brota astucia. Le sale por los poros todas las maneras de hacer daño con la pelota en poder de su equipo. Dos cuestiones claves, que se darán en la zona de promesas, el mediocampo. Repite con Ponzio, sin dudas a alguien que pasó de la oscuridad a la más absoluta claridad. Y no hablo sólo de marca. El santafesino es el ritmo de juego de hoy en River. Todos juegan a partir de él. Seguramente su misión sea tapar la salida de Gago como punto de partida para Boca. Y la aparición de Mayada por izquierda tiene la lógica del cambio que producirá Arruabarrena de reemplazar a Marín por Peruzzi. El ex Vélez tiene buena marca pero especialmente posee un buen criterio ofensivo. Con el uruguayo enfrente verá limitada esas posibilidades.

Todo por verse. Un partido de fútbol. Muchas cosas en juego. Pero sobre todas las cosas, un efecto social y cultural imposible de medir en escalas. Sólo resta el pitazo inicial.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

viernes, 8 de mayo de 2015

Nada mal (River Plate 1 vs Boca Juniors 0)

La historia marcó siempre la antítesis de lo que ocurrió ayer en el Monumental. El que raspaba, Boca; el que se vestía de galera y bastón, River. La necesidad de revancha y de borrar lo malo del domingo siendo la mecha para un partido con mucho olor a pólvora. Y así fue.

Porque Boca proponía un equipo de tenencia, con Gago, Pérez y Lodeiro. Y tal como lo analizamos en esta columna, había una intención con Ponzio de ser elemento de corte constante. Desde él y desde Kranevitter, Boca vio pasar la pelota. Los de Arruabarrena, más allá de intentar siempre atacar como suele ser la idea madre, se veían sometidos y obligados a esperar una contra que no aparecía debido a la exigente presión alta de los defensores de River con Maidana como líder.

Así aparecieron en el primer tiempo las ocasiones de un River voraz. Con Teo volviendo por un rato a esos lapsos de generación de peligro en el área rival, con Driussi desplegando su velocidad ante un endeble Marín y Mora moviéndose constantemente por ambas bandas. Todo dentro de un marco de fricción y dureza.

El gol más importante de la carrera de Sánchez, según el jugador
En el segundo tiempo no cambió mucho la historia, aunque las urgencias debido al tiempo empezaron a hacer mella. Boca en modo caos pudo haber abierto el marcador ante la misma postura de ataque de River, que cuando no luchó, más sereno se asoció en ataque para generar lo más claro.
Hasta que llegó el penal. Dudoso, pero cobrado en fin. El Pity Martínez ganando una espalda frágil como la de Marín, y Burdisso a una estancia para cooperar con la marca. Marín obstaculizando y Delfino marcando el penal para que Sánchez anote cuando el partido se moría, como hace cuatro días atrás pero a la inversa.

A Boca no le quedaron muchas opciones más. Lógicamente salió a buscar lo que por peso y volumen dentro de los 90 minutos no mereció. Y River supo bancarse esa embestida. Con ese traje de overol que quizás el mundo del fútbol no esté acostumbrado a que sea utilizado por los de la banda roja, pero en ciertas ocasiones es productivo. Y éste lo fue, entendido y englobado también dentro del concepto de la actitud. La consigna será medir la intensidad de ese trabajo en el barro para no sufrir consecuencias a futuro. Varios jugadores en estos términos caminaron por el borde entre permanecer en el encuentro o perderse la revancha. Y en estos tiempos River no puede darse el lujo de perder nivel en esta situación de escasez.

Fin del segundo capítulo.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

jueves, 7 de mayo de 2015

Tener es poder

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Gallardo debe resolver varios problemas en el equipo
Sacudido. Aturdido. River en estado de venganza. Esa que típicamente suele servirse en un plato frío, aunque en estas condiciones el cocinero de todo ésto, debe estar recordando dónde está ese bendito plato. Todos alguna vez hemos extraviado algo.

En la Boca, River mostró tener cosas. Dejó pruebas con Maidana que Osvaldo, salvo el tiro en el palo no tuvo situaciones ni influencia en el juego colectivo. Pero Calleri es otra historia, más escurridizo más molesto, con un poder vital para quedarse con la pelota y que no se la saquen. El conjunto de Gallardo necesitará buscar supremacía en cada sector, con el apoyo del cinco retrasado y con el segundo central, debiendo ser éste Funes Mori ya que quedó comprobado el domingo que Pezzella es un brillante primer central, y un tan solo un correcto segundo a falta de una zurda.

Con un Boca buscando sociedades y velocidades por los costados, necesitará firmeza de ambos laterales, Mammana y Vangioni. Porque vocación ofensiva en Vangioni tiene, pero un defensor lateral se compone de la voracidad para ir hacia adelante y de la capacidad de retroceder a ocupar posición, bloquear cierres y realizar coberturas de los laterales.

Pero sobre todo aquí hallamos el meollo de la cuestión. Probabilidades varias ante ninguna confirmación. Que Ponzio, que Martínez, que Pisculichi. El conjunto de Gallardo tiene nombres, no cabe dudas de eso. Pueden algunos estar en una curva descendente, pero no dejan de ser trascendentes. Pero primordialmente, River necesita de ideas, que partan esencialmente desde el balón. Quedó claro que el domingo pudo haber sido dueño del balón gran parte del partido, pero sin productividad la tenencia se traduce a cero. Y eso es lo que más controversia le causará a un entrenador que piensa los partidos hacia adelante, achicando espacios y dejando poco margen de juego a sus rivales. Por eso deberá buscar que Boca, con muchos jugadores de tenencia, tenga reducido el margen de maniobra para no llegar con riesgo a Barovero.

Finalmente, si de rendimientos se trata el fútbol, al buen momento se le contrapone el malo, y al malo se lo potencia en la displicencia. Teo, varias veces elogiado en esta columna, ha hecho méritos para no estar en el conjunto titular por falta de presencia en estos partidos vitales para un equipo como River. También está a las claras que Mora es la otra cara de la moneda, y que las posibilidades de combinación son viables. Porque variantes con viabilidad hay, representados en Cavenaghi y su peso de gol dentro del área o en Driussi y su velocidad para dejar atrás a centrales duros como el Cata Díaz o Torsiglieri. 

Estrellas o estrellados. La Sudamericana es cosa del pasado. No se debe vivir del recuerdo. El inicio de este segundo capítulo de la trilogía copera indicará si River aprende de sus errores o si da vueltas sobre su eje tratando de encontrar una puerta en un callejón que no tiene salidas.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

lunes, 4 de mayo de 2015

Los destructores (boca 2 vs River Plate 0)

Gallardo y la vergüenza de llegar al banco en medio de escupitajos
Control. De eso se trataba el encuentro. En cuestión de similitudes, el partido se asemejaba a la pelea de Mayweather y Pacquiao. Mucho caos, mucho ataque, pero todo quedaba en el casi. Hasta que apareció la lucidez para destruir esa monotonía en la que el Superclásico se encontraba.

River arrancó el encuentro teniendo más la pelota, pero flojo de ideas. Tener el balón sin saber para qué. Porque más allá de las variantes del único que propone, Mora, y de lo muy poco que hoy está dando Sánchez con esa situación en el travesaño y nada más, Boca supo cómo pararse y esperar a su rival ocupando bien los espacios y llevando todo lo más lejos posible de Orion.

Decíamos que Boca supo esperar. No tuvo claridad quizás, pero estaba más decidido en ataque, buscando primeras y segundas pelotas con supremacía siempre en distintos sectores. Generó desde su producción y desde las dudas en defensa todo lo claro como para convertir hasta más de un gol en el primer tiempo. Pero no acertaba, y eso fue pinchándolo hasta que ese primer tiempo terminó planchado para ambos equipos.

El complemento estaba inmerso en falencias de Boca para armar juego a pesar de sus intenciones, y de tibieza de River hacia el encuentro. Los de Gallardo no tenían variantes, no sólo desde los nombres sino también desde la propuesta. Laterales sin pasar al ataque (Solari a pesar de todo es el reemplazante de Mercado aunque sea volante), falta de un faro distribuidor de juego y displicencia en ofensiva, excepto Mora. Hasta que empieza la destrucción de todo ésto y empieza River a ser sacado del encuentro.

El ingreso de Gago inicia algo indispensable en el fútbol: sacarle la pelota al rival. El faro real del fútbol en Boca, siendo una pieza incontrolable para Kranevitter y Rojas sobre todo, que le quitó presiones a Lodeiro y lo soltó para ubicarse en la zona derecha del ataque e ir a complicar más a un desconocido Vangioni. Pero aún con eso, a Boca le falta rebeldía ya que a Carrizo se le habían agotado la nafta. Entra Pavón para ser explosión al servicio del ataque. Boca iba derribando obstáculos que lo dejaban ahí, pero la faltaba una mente fresca para cerrar círculos. Adentro un inteligente Pérez. Con todo eso Boca pudo destruir sus miedos y llegó a su cometido, con el gol de Pavón capturando una pelota en soledad para sentenciar a Barovero, y con el segundo tanto por parte del ex Newell's siguiendo la jugada que él inició con un taco para dejar mano a mano a Lodeiro, que Barovero da rebote y que Pérez punteó orientadamente para pegarle luego con su pierna hábil.

Una vez más, la diferencia en la abundancia. Cómo cambiar un encuentro a partir de las fichas de nivel esperando en el banco por entrar. Y, pensando a futuro, qué modificaciones realizar cuando hay un plantel acotado. Otra vez Gallardo en la necesidad de dar un golpe sobre la mesa y despertar de éste letargo futbolístico a su equipo para convencerlos de que, para la continuación de esta trilogía, no se pueden hacer las cosas de esta manera. Fin del primer capítulo.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes