lunes, 17 de noviembre de 2014

En una nebulosa (River Plate 1 vs Olimpo 1)

El fútbol, como cualquier otro deporte, es un juego de momentos. De estados de ánimo. Podés intentar hacer las cosas bien por diferentes caminos, pero cuando todos terminan en un frontón, una y otra vez, muestra a las claras que algo falla. Y la repetición de este acto hace más notoria aún ciertas falencias. La curva descendiente de River en su mejor expresión.

Y hablamos de que terminará la fecha siendo, de mínima, puntero. De máxima, acompañado por Lanús si le ganara a Independiente. ¿Cuántos azotes de acuerdo a ésto y a tres partidos de terminar el campeonato merece el conjunto de Gallardo? Ninguno. Lo corto del plantel y la pelea en todos los frentes de este semestre son síntomas de un gran trabajo hecho en conjunto. Pero en el detalle de los 90 minutos de Olimpo, de Estudiantes por el torneo y de Vélez, da cuenta de un River que se deshilacha. Que lo dicho anteriormente del equipo corto se transforma en un problema que no tiene solución. En consecuencia, ese virus del que está contagiado lo convierte en un equipo predecible, apurado e inocuo.

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Funes Mori festeja su gol
Buscar ser más directo en velocidad le hizo perder a este River precisión. La búsqueda del ahorro de tiempo para llegar al arco de Champagne hizo que los que saben manejar el tempo del equipo pasaran desapercibidos. Pisculichi nunca encontró lugares cómodos para comandar el juego del equipo, cayendo siempre en el triángulo de las bermudas que proponían Blanco, Cobo y Gil. Sólo el centro-pase que terminó en el gol de Funes Mori y nada más. Comenzando con él, toda la periferia falló. La conexión de los laterales Mercado y Vangioni con los volantes externos Ponzio y Rojas nunca tuvo un peligro suficiente. Es cierto que Olimpo se replegó mucho en su terreno, pero aquí de vuelta el error del encuentro que Estudiantes le ganó a River: sin movilidad ni variantes, no hay sorpresa ni mucho menos profundización.

Fue un acierto volver tácticamente a la línea de cuatro. Sobre todo porque venía vía Bahía Blanca un colombiano como Cuero que con su técnica en velocidad ya significaba un peligro per se. Sin embargo, el peligro existió igual. El delantero, ubicándose por el sector izquierdo, no sólo que le tapó la salida a Mercado correctamente, sino que además lo tuvo a maltraer. De no haber estado tan en soledad en el primer tiempo, con un mayor aporte en ataque de sus compañeros podría Olimpo haber causado aún más daño. Con el ingreso en el complemento de Borja por un insulso Susvielles, esa soledad inicial de Cuero se quedó en el vestuario. Mucha claridad tanto para que el equipo intente jugar en campo de River como el peligro que llevaron al arco de Barovero los ubica en una especie de pedestal en un partido que en líneas generales fue feo. Y que dentro de esa fealdad y el gol conseguido por Funes Mori, sólo podía destrabarse ante un error. Y eso fue lo que sucedió. Funes Mori no salió bien pisado a intentar despejar la pelota que venía llovida, y Borja se encargó de capitalizar tal obsequio. Pudo él darle la victoria enseguida a Olimpo, pero ese centro que cruzó el área que pudo haber sido una pesadilla para el mundo millonario, no lo fue

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River debe despojarse de las presiones. River debe, ante la falta de frescura evidente, ser más inteligente. No existen los equipos invencibles, existen los que juegan bien y los que no. Los de Gallardo ya dieron muestra de lo que saben hacer. Será cuestión de salir de la nebulosa, y seguir.


por Matías Prado
Ex Clarin Deportes

jueves, 13 de noviembre de 2014

Secuelas de un virus (River Plate 0 vs Estudiantes 1)

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River perdió el invicto de 31 partidos
Y un día, el River de los elogios perdió. El morbo de ver cuándo se le caía el invicto ha llegado, y todo el mundo extasiado por ésto. Motivos para esta caída sobran, la seguidilla de partidos hacía notar que algún día la derrota iba a suceder. No importa si por cansancio, por falta de frescura o por ya saber a qué juega, o por todo ésto junto. El declive de la curva descendiente lo hacía prever.

Si vamos al plano más intangible del asunto, a River se lo comieron sus propios nervios y ansiedades. La desesperación se hacía notar adentro y afuera de la cancha. No encontrar la salida al nudo planteado por Estudiantes en la mitad de cancha, y que eso genere síntomas de claustrofobia. No es que River no generara, pero Estudiantes hizo lo necesario para siempre ensuciarle la jugada. La famosa vieja escuela que, más allá de estar en gustos dispares de ese fútbol, nadie puede negarle tal cosa como una estrategia absolutamente válida.

Llevándolo al plano de un partido de 180 minutos, fue inevitable la teletransportación al partido de vuelta de la semifinal de la Liga de Campeones jugada en el Bernabeu en el 2010. El Inter de Mourinho, quien fuera campeón de ese certamen, trabándole en campo propio el partido a ese excelso Barcelona de Guardiola, ese que todo lo podía y que un día zucumbió, sin dejar de ser ese equipo que siguió ganando todo lo que pudo. El conjunto de Pellegrino consiguiendo la ventaja cuando todavía se estaban despabilando, en esa zona libre que quedó ante el cambio de sistema y que tan bien aprovechó Cerutti, infortunio de Barovero y Vera, de esos 9 que ya habían dado muestra justo ante River de lo que es oler sangre e ir directo a la yugular, dándole el toque a la red. Después, utilizando como punto de partida la medialuna del área propia, Estudiantes fue el culto a romper. El repliegue de las líneas dejaba poco espacio de maniobra para los que saben en River que, sumado a la falta de movilidad, cayó siempre en los tentáculos de Prediger y Jara en un principio, sumando a Aguirregaray y luego a Goñi. Cuestión aparte fue la de Correa, esa joyita que tiene Estudiantes que podría haberle hecho aún peor a los de Gallardo si le hubiera faltado un poco más de frialdad para saber manejarle los tiempos al equipo; y Carrillo, ese delantero que resulta un primer defensor insoportable para cualquier rival.

Parar y arrancar de nuevo. La presión ahora la tiene el resto, para saber si éste River puede ser tirado de vuelta a la lona, o si lo de Estudiantes fue una excepción a la normalidad. Mientras tanto, el equipo necesita de un antivirus, para sacarse de encima eso que está dañando los sistemas y engranajes de este equipo, antes de que se siga expandiendo.
por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

lunes, 10 de noviembre de 2014

El deseo trunco (Velez 1 vs River Plate 1)

Todos en sus casas mirando el partido por el televisor. O todos los que van a la cancha cuando River juega de visitante. Todos mancomunados para que el destino les haga un guiño. No se tolera tanto éxito de un mismo equipo, por eso se ilusionan con la derrota del imbatible.

Pero River les da motivos futbolísticos y anímicos a toda esa gente que lo quiere ver caer. Como se dice en éstos tiempos, o a River lo matás bien muerto o preparate para su resurrección dentro del partido. Y Vélez fue un exponente más de los que no supieron cómo, sobre todo eso, cómo.

La intensidad en el conjunto del Turu Flores era demasiado para un River que no hacía pie, parando muy atrás a Rodríguez y no pudiendo desplegar sus líneas rápidamente con Sánchez y Rojas para darle volumen al ataque. Tampoco era clara la supremacía de Vélez, pero sí la frescura como para llegar con más fluidez al arco de Barovero. Así fue como un centro de Pérez Acuña terminó con un gran cabezazo para el 1-0 de Caraglio.

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Mercado grita el gol (ph: Olé)
River sabe de qué se trata remontar un resultado. La seguidilla de partidos y el cansancio influyen. La búsqueda no es tan limpia como al principio del semestre. Cuesta pensar en acudir a la excusa del "como sea" por una cuestión de gusto, pero a veces el contexto te da la pauta de cómo ir transitando las distintas etapas de un partido. Y a River no le quedó mucha opción, arco y flecha e ir para adelante.

De esta manera River llegó al empate. Vélez descuidó la segunda pelota, Mercado la ubicó ahí donde Sosa no la iba a poder tapar ni en ésta ni en otra vida para decretar el 1 a 1. A partir de ahí nada más trascendente iba a suceder en el Amalfitani. Una vez más, las ilusiones de millones tiradas a la basura.

por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

viernes, 7 de noviembre de 2014

Señal de alarma (River Plate 3 vs Estudiantes 2)

Así como arrancara algún artículo atrás diciendo que nadie puede quejarse de nada de este River vistoso, con buen juego y solidario de la era Gallardo, en este artículo se sentará una base fundamental: ese principio de la no queja seguirá inalterable. Sin embargo, más allá de seguir obteniendo triunfo tras triunfo, hay que reconocer que hay algo que preocupa.

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Teo Gutierrez marca el gol a los 72 segundos
Y es que el resto de los equipos entienden que la única manera de conseguir sacarle algo a este River es intercambiar golpe por golpe. Cada uno sabe a qué se expone ante tal cosa. Mora y Pisculichi plasman en la red la necesidad de hacerle saber a los rivales que todo lo que se genere ellos estarán ahí para concretarlo. Y con mucha efectividad por cierto.

El problema es cuando la pelota vuelve. Y sobre todo cuando regresa rápido y genera descompensación. Estudiantes con Jara, Aguirregaray y Correa explotaron con velocidad y voracidad espacios que quedaban entre la defensa y la punta del triángulo del mediocampo, Ponzio. Carrillo pivoteó todo, hasta que Funes Mori pudo encontrarle la mano allá por el segundo tiempo. Vera escabulliéndose por cualquier hueco que dejara la defensa, tuvo situaciones de peligro ante Barovero. River no pierde la intensidad en la presión y en el juego allá arriba, pero abajo sufre de esa pérdida. Pareciera ante un cambio de nombres costarle la mecanización de movimientos y de jugadas para que la pelota esté menos tiempo por ese lugar.

El partido fue para River porque supo, ante la adversidad, dar el golpe necesario. Una vez más, como hace una semana, un golpe que no es bien dado para noquear al Millonario termina siendo a fin de cuentas un sinsentido. Porque sabe que siempre habrá un golpe más. Porque sabe que cuenta con las armas suficientes para ir y seguir golpeando hasta conseguir el resultado. Pero los resultados también se construyen con solidez defensiva, que no es que River la haya perdido, pero tiene grietas. Eso también es haber sufrido un golpe. La respuesta será saber cómo contrarrestar ese sufrimiento.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

jueves, 30 de octubre de 2014

Del caos a la virtud (Estudiantes 1 vs River Plate 2)

Una réplica a lo sucedido 72 horas atrás. Gustavo Cerati, en su tema "Déjà vu" del album "Fuerza natural", hablaba que sacar belleza del caos es virtud. Pero este River habla de otra cosa, de la transición de una cosa a la otra, de cómo se vive en el desorden y el apuro, simplificado en lo caótico, a pasar a relucir su mejor repertorio y marcar la diferencia.

O también cuando el rival le deja todo servido en bandeja. Despojado de cualquier bandera hinchista, a este periodista le resulta inconcebible cómo en un partido un equipo abandona esa idea primaria que lo condujo al objetivo buscado para pasar a hacer totalmente lo contrario. Entregarle el complemento a un herido River, el mejor título para una película de terror.

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Un partido muy luchado
Herido porque el primer tiempo fue bloqueado en todas sus formas. En la salida, el armado y la llegada. Otra vez quedó un equipo a un latifundio de diferencia entre líneas, y allí el conjunto de Pellegrino hizo todo lo necesario para estorbarle el camino a los de Gallardo. Con la marca férrea en el medio de Gil Romero y Damonte, Pisculichi buscó recostarse en las bandas, lo que produjo falta de generación para que la pelota le llegue a Mora y a Teo. Estudiantes presionando en bloque y con intensidad sobre la salida de Ponzio provocaba la recuperación inmediata del balón y la verticalización en velocidad con Correa y Auzqui para agarrar a River mal parado. Mismo mecanismo para tapar con Carrillo y Vera como estandartes la salida desde Barovero. Todo ésto indica cómo Estudiantes quería el partido lo más lejos posible de Navarro.

Este no era un caos por desorden, sino una cuestión de desconcierto. La desesperación de no saber por dónde salir de tanto acoso llevado al desorden. El desorden provocando fallas por excesos, como el gol de Vera, donde la intención es buscar salidas limpias pero no inmolarse por la causa. Defensa y Justicia puede contarles cómo es ésto del fundamentalismo de salir por abajo.

Tras breves minutos de iniciado el complemento, River cambió golpe por golpe. Si es tan lapidario terminar un primer tiempo con un gol abajo a minutos de culminar esa etapa, más aún lo es cuando se llega al empate tan rápidamente. Deja la sensación de no haber noqueado al rival, que le contaron hasta ocho y que se levantó como si nada hubiese sucedido. Provoca incertidumbre, y la virtud de River de oler sangre en cuanto lugar se derrame está harto comprobada.

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Sánchez marca el gol del triunfo
Salir a atacarlo, en terreno ajeno minado de camisetas contrarias. Pero un centro preciso marca registrada de Sánchez para un Mora solitario entre las torres Schunke y Desábato logra el objetivo inmediato: dejar de estar en modo derrota. Y desde allí construir sabiendo que el noqueado ahora es el que está enfrente. Con mayores espacios y una prolijidad acorde, encontró los circuitos de juego a los que apuesta siempre. Y gracias a ello encontró el segundo gol, donde Teo se sacó rivales de encima como quien pestañea para cederle el balón a Sánchez quien tiró el centro, Schunke cabeceó para descolocar a su arquero y darle la ventaja a los de Nuñez.

Las apariencias engañan. River quizás ya no tenga que jugar 90 minutos perfectos para demostrar supremacía. Pero eso no significa que va a colgarse el cartel de vulnerable, o que vaya a entregar todo tan baratamente. Es cierto que puede vérselo por terrenos pantanosos en determinados pasajes, pero al final del camino sale con su ropa blanca sin una más mínima mancha. Y esas son virtudes.

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por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

martes, 28 de octubre de 2014

Matías Baretta nuevo Gerente de Prensa de River Plate

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Matías Baretta, nuevo Gerente de Prensa
Durante la campaña, D'Onofrio prometió profesionalizar la gestión. Pomposa promesa con sabor a poco cuando se compara contra la contratación de grandes estrellas, como en otras campañas electorales. Sin embargo, estas son las promesas que hacen los cambios profundos, las que dan frutos con el tiempo.

Al comenzar la gestión, D'Onofrio fue al generador de ingresos y contrató a Santiago Traynor, como Gerente de Marketing, un profesional que lo acompañó como jefe de prensa durante la campaña con sólidos antecedentes en marketing deportivo en el sector prívado. Hace unas semanas, los empleados del club se sorprendieron cuando leyeron la primicia en este medio que contaba sobre la contratación de Gustavo Silikovich, el nuevo Gerente General, un profesional con antecedentes suficientes para gerenciar cualquier multinacional pero, a diferencia de Traynor, elegido a través de una consultora. Hoy, cuando está a unas semanas de cumplirse un año al frente del club, la nueva dirigencia está pronta a anunciar varias incorporaciones gerenciales.

Entre todos los cambios se destacan, Juan Poner como nuevo Gerente de Sistemas, quien reemplaza a un passarellista que, dicen en el club, se llevó todos los registros de socios lo que provocó que en los primeros partidos de esta gestión River le haya tenido que alquilar los molinetes a Boca. Andrés Firpo es el nuevo Gerente de Seguridad, quien tiene a su cargo uno de los temas más sensibles y onerosos para cualquier club y Christian Francisco, es el nuevo Gerente de Estadio.

De todos estos, se destaca el nombramiento que se realizará hoy. River Plate creará y nombrará hoy a Matías Baretta como Gerente de Prensa, impulsado por Stefano Di Carlo, Presidente de Prensa del Club, quien ya había pedido su "pase" desde el área de Marketing donde, según este dirigente "estaba desaprovechado".

Dicen los que conocen el día a día que Baretta, un profesional de la comunicación que formó parte de la campaña de la mano de Patanian y Ballotta, no sólo "pegó un hit" con el video inspiracional antes del partido en La Boca -el más visto en la historia del club- o el video del campeonato sino que Di Carlo delegó mucho en él y obtuvo resultados.

Cuando Passarella dejó el club las cuentas las manejaba una consultora. En ocho meses de gestión propia, Twitter pasó de tener 300.000 seguidores a más de 850.000 y, entre otros logros, hoy el River Plate es el N°1 en Instagram, una red que Baretta se encargó de desarrollar. Además, River comenzó a comunicar todas las actividades y generar materiales propios para publicar en los medios tomando una postura más proactiva. De esta forma, Di Carlo junto a D'Onofrio y los dirigentes comenzaron a concentrarse en lo estratégico y Baretta y el equipo de Prensa, en la ejecución y seguimiento dándole especial énfasis a los periodistas que acompañan a River en el día a día.

De cara al futuro, Di Carlo y Baretta tendrán el mayor desafío: desbancar a La Página Millonaria del N°1 en internet. Para ello, en enero River relanzará su sitio oficial y tendrá por primera vez en su historia el dominio que nunca debió dejar de tener, www.riverplate.com, ocupado hasta el día de hoy por www.lapaginamillonaria.com, lo que la hizo muy rentable, en parte, gracias al posicionamiento que este dominio genera.

Para lograr este objetivo, River hará del sitio un lugar al servicio del socio y del periodismo donde podrá no sólo se comprar entradas o reservar el lugar para los partidos -como hace hasta hoy-, reservar canchas de tenis, pagar la cuota y todo lo que pueda mejorar procesos sino que los periodistas tendrán un acceso exclusivo para poder descargar fotos y contenidos exclusivos sin necesidad de llamar para pedirlos o esperar a recibir un email.

Aunque Baretta no quiso hacer ninguna declaración a este medio, importantes dirigentes confirmaron que el proyecto de la nueva web está a su cargo hace algunos meses y que el nuevo diseño está aún siendo vocetado pero confían que será revolucionario.

Mientras el equipo sigue invicto, puntero en el campeonato y avanzando en la Sudamericana, D'Onofrio y los dirigentes están haciendo los cambios que prometieron en la campaña y son varios los hinchas que empiezan a decir que esto es lo que buscaba el socio detrás del slogan de campaña "Un equipo, Un presidente para River".

lunes, 27 de octubre de 2014

Entender el contexto (Rafaela 1 vs River Plate 2)

Nadie puede alzar la voz en contra. A todos nos encanta este River y su voracidad para buscar el arco contrario. Pero este partido tenía la particularidad de que la no eficacia podía pagarse en breves segundos a causa de las pequeñas dimensiones de la cancha. La pelota fue y vino. Y River en un momento no fue River.

Más allá de las llegadas producidas en el primer tiempo, merecimientos al margen, el desbalance en la transición era notorio. La velocidad de delanteros como González y Albertengo para la contra fue un peligro constante. La presión en bloques separados también apareció como causa, dejando mucho terreno dusponible. Así fue como Montiel tuvo el tiempo necesario para sacar la bomba que significó el 1 a 0.

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Pisculichi convirtió un golazo de tiro libre
A partir de ahí River se hundió en el virus del apuro y de la intrascendencia. Se transformó en un equipo lento, sin variantes. Quien haya visto el sábado Real Madrid contra Barcelona, los de Nuñez se parecieron al conjunto catalán después del gol de Pepe y ni que hablar tras el tanto de Benzema. Mientras tanto, Rafaela le daba de su propia medicina al puntero con esa dosis asfixiante de presión que anulaba los circüitos de juego.

Pero una vez más, el saber aprovechar el entretiempo para resetear la máquina cuando falla y reprogramarla. River necesitaba sentir ese reagrupamiento de las líneas tanto para la marca como para el juego. Así fue como los de Sensini dejaron de tener campo para lastimar y huecos por donde infiltrarse. Y buscaron con éxito reconciliarse con la paciencia y, pelota al pido mediante, explotar sus virtudes. Eso termina dando sus frutos. Dominio plasmado, falta afuera del área que Pisculuchi convirtió magistralmente en el empate, y lectura espectacular de la presión escalonada de Rojas para aparecer en la segunda jugada y marcar el gol del triunfo.

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Los jugadores de River festejan con Gallardo
River vivía 45 minutos de pesadilla al principio. Encima daba la impresión de ser alguien ajeno a lo que solemos ver partido tras partido. Alguien de la vereda de enfrente dijo acertadamente una vez que "sólo los necios no cambian". River tomó esa frase y la llevó a cabo, porque la necedad la cambió por inteligencia cuando supo leer los indicios del contexto. Una nueva muestra más de carácter.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes