jueves, 11 de diciembre de 2014

Victorias dentro de un campeon (River Plate 2 vs Atletico Nacional 0)

17 años después, el día llegó. Aquella vez, por la Supercopa Sudamericana, San Pablo era la víctima. Esta vez Atlético Nacional, eliminado en la semifinal en aquella edición, fue la víctima en la final de este suceso. Jugando de todas las maneras en las que se puede jugar a este hermoso deporte, nunca renunciando a la mejor bandera que defiende esta institución: estar en la competición siempre. Antes con Ramón Díaz al mando, hoy con Marcelo Gallardo. River es el campeón, nada que discutir.

Los momentos se aprovechan. Y hasta tener la capacidad de los malos saber revertirlos. River es virtud por todo eso. No es que se jacta de lo que apenas consigue, siempre fue en busca de más. No es que se hunde en el pozo de los lamentos, tan sólo entró y salió como quien se tira de cabeza a la pileta y después bracea para ir por ese aire necesario. Mostrando en los tiempos de su fútbol esplendor cómo este deporte realmente pasa a ser un espectáculo deportivo deluxe. Y exhibiendo también cómo en la merma hay recursos extras que los lleva a cabo mejor que nadie. Complemento 100%.
River es honestidad. Siempre intentó la simpleza, nunca renunció a ella, aunque pueda en alguna ocasión haberle significado dolores de cabeza. Pero en tal caso, no creo que nadie apueste a la complejidad. No hay necesidad de hacerlo. Es el camino más largo y sinuoso, cuando siempre hay otro que te lleva a mejor puerto. Ese eligió la entidad de Nuñez. Potenciando todo lo que salía bien. Reconociendo sus falencias e intentando siempre corregirlas. El rival juega también, eso se escapa de las manos. Pero si hay algo que permitió esta copa fue ver cómo River mutó de un partido a otro mejorando aspectos de cada línea.

En 1997 fue la contundencia de Salas, poniendo en ventaja las dos veces que la Banda lo necesitó para vencer al ya mencionado conjunto brasileño. Esta vez, los delanteros no estuvieron en sintonía con el arco, déficit puntual que viene sucediendo producto del trajín de toda la competencia disputada. Aún así, River nunca abandonó la contundencia. Sólo cambió de intérpretes. Tener abajo a defensores tan presentes en el área de enfrente marca la diferencia. Una vez más Mercado con el cabezazo al piso de manual para abrir el camino. Y Pezzella en soledad poniendo un teledirigible en el ángulo para catapultarlo definitivamente a este equipo al tope de la cúspide, como aquella vez ante San Lorenzo para ser supercampeón en Argentina. Fueron cinco minutos de respiro y la segunda trompada. La del knock-out. Pisculichi y su pegada ahí donde se requiere, donde dolió y le dolerá siempre al contrario. Pisculichi es sinónimo de poesía pura si de centros-pases nos referimos. Ponzio no intentando ser más de lo que es, sino simplemente pisando fuerte en la cancha, gran cambio para pasar del ostracismo a la primera plana. Vangioni, Sánchez, Rojas, Teo y Mora jugando otro papel. Cooperar para que las virtudes aparecieran en sus distintas variables. Preguntar al 3 por el gol del 10 al eterno rival si no es un ejemplo de ésto. Y Barovero, siendo causante de que River tuviera más vidas ante la proximidad de lo peor. Cada pelota tapada por él, gritado como un gol.

El puntapié inicial para una era que dejará muchas huellas. River volvió a la senda de los triunfos de campeonatos en modo internacional. Pero no se queden sólo en lo concreto, en Cavenaghi, Barovero, Ponzio o quien fuera levantando una copa. La fusión de sus cualidades son lo que fueron empujándolo hacia arriba. Y ahí está.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

jueves, 4 de diciembre de 2014

Todo y Nada a la vez (Atletico Nacional 1 vs River Plate 1)

Una final digna. Nada de especulaciones. Entender que el ataque es el arma para destrabar un partido. Dos equipos que tuvieron un abanico de posibilidades para sobreponerse por sobre el otro. Pero ninguno pudo tachar al otro. ¿Por qué?

El conjunto colombiano pecó sencillamente de ineficaz. Un primer tiempo en el que no le dio respiro a su rival, sólo concretó una vez. Atlético Nacional fue amo y señor de esa primera mitad, tomando como primera medida aislar a la ofensiva de River. Bocanegra, Henríquez y Murillo hicieron lo que quisieron con Mora y Teo, a quienes ya se les nota demasiado su falta de gravitación dentro del área. Distintas causas le corresponden a cada uno. Por su parte, Mejía como encargado de tapar a Pisculichi, cumplió su tarea a la perfeccion.

Ya con ésto resuelto, quedaba todo por hacer enfrente. Y allí hubo intérpretes excelsos. A este equipo Cardona le es todo. Pausa, inteligencia, técnica, lectura de juego. Y una gran precisión como el  lanzador principal. Bernal, Berrío (ojalá Vangioni pueda dormir después de lo mal que la pasó con él) y Copete  (sí, ese errático delantero ex Vélez) se cansaron de ir al espacio para llegar a pases perfectos del enganche, ayudados por la cancha que era un billar, y por Ponzio que no encontraba formas para parar a Carmona. Después, la efectividad como déficit. Sendos mano a mano que eyectaron una vez más a Barovero como figura, centros puntillosos mal cabeceados. Y en muchas de estas situaciones, Copete como actor principal... de una de terror. Recién sobre el cierre Berrío le comió por enésima vez la espalda a Vangioni para vencer a Barovero.

Gallardo necesitaba tocar algunas teclas, sobre todo desde lo tactico. River necesitaba que Atlético Nacional tuviera menos cancha para correr. Por eso juntó las líneasy por eso ya no se vio tan descompensado. Además se sumó que los colombianos no soportaron el ritmo vertiginoso del primer tiempo. Y allí entró en escena River. Con más espacio hacia adelante, pudo circular mejor la pelota y llegar más confiado al arco de Armani. La técnica de Teo más el desorden prodictivo de Sánchez lo pusieron al uruguayo mano a mano. Pero mientras atrás, salvo un cabezazo en el palo, estaba todo controlado, adelante era el tiempo de Pisculichi.

Corrido hacia un costado y saliendo del radar de Mejía, el enganche tuvo panorama y espacio para llevar a cabo su rol de conductor. Y también para que Armani conozca más sobre sus mejores armas. Primero con esa bomba de tiro libre al ángulo que el arquero despejó, y luego con esa bomba en movimiento que Armani tuvo que ir a buscar adentro, con una tardía reacción producto de no ver el remate salir de ese pie zurdo, u obra de arte, como más les guste. A partir de ahí, Atlético Nacional intentó volver al partido con la receta del inicio. Y mejor prevenir que curar para Gallardo, aunque el ingreso y la vuelta del gran Kranevitter no debió haber sido por el ex Argentinos. River apostó más que nunca a la contra antes que tener la pelota como lo hizo hasta su gol. ¿Tuvo llegadas? Claramente. ¿Cuántas desde una clara gestación? Ninguna. Por ende, fue más una moneda al aire esperando a que salga ganador, como por ejemplo el ni centro ni al arco de Cavenaghi.

Nada está dicho. Una serie abierta. Pudieron haberse quedado con gran parte de ella en Colombia cualquiera de los dos. Ahora será el momento de saber quién tiene las convicciones más claras para dejar sin nada al otro.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

lunes, 1 de diciembre de 2014

Que no panda el cúnico (River Plate 3 vs Banfield 2)

Seguir en carrera. Nada está perdido. Pudo haber sucedido lo contrario, pero no. De eso se trata el fútbol en definitiva, ganar y perder. Pero a fin de cuentas, cuando todo tiene esa carga de emotividad que puede emanar tan solo una persona con su presencia en cancha, todo tiene un sabor más placentero.

La inactividad te pasa factura. Es inevitable que eso no suceda. River quizás pudo haberse dado el lujo de no extrañarlo tanto desde lo futbolístico. Gallardo supo estar en cada detalle del ataque para que la ausencia de sus goles sobre todo no se note. Eso llevó a Teo peleando la tabla de goleadores del torneo local, Mora con su importante aporte tanto en lo local como en la Sudamericana y Pisculichi también dejando su registro en la red en especial con su excelsa pegada en los tiros libres. Pero aún con todas estas virtudes del equipo, su peso específico de cara al arco rival es inclaudicable. El gol es como respirar. Y River tuvo su bocanada de aire ante Banfield. Sello y rúbrica de él, de Fernando Cavenaghi.

Teo recibió en el párrafo anterior un elogio en base a un dato estadístico, como lo fueron sus goles. Pero hace ya algunos partidos que la realidad se contrasta con lo opuesto. Nadie puede negar su aporte al equipo, tirarse unos metros más atrás para hacer circular el juego, tener un trato más cercano con la pelota y también para quitarle ciertas referencias a los defensores rivales. Pero que eso se extienda en el tiempo produce un déficit al momento de anotar. De hecho, el técnico de River se lo ha remarcado más de una vez en cancha. Y contra Banfield ésto no fue la excepción. Encima el golazo de Bertolo al finalizar el primer tiempo puso a River al borde del precipicio en el torneo, ya que por cuestiones de matemáticas sólo le servía ganar. Se buscaban soluciones. Se encontraban a pocos metros, en el banco de suplentes.

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Cavenaghi llegó a los 100 goles en River Plate
A veces resulta complejo jugar desde la necesidad, porque la desesperación te descompensa. Pero a River eso no le sucedió. Es cierto que Salcedo tuvo la oportunidad para ampliar la ventaja apenas iniciado el segundo tiempo con la defensa de River mal parada. Barovero hizo lo suyo nuevamente para que la esperanza no se vaya. Y en esa contra que River llevó adelante con cautela, el Torito marcó la diferencia orientando el control de la pelota para quedar afuera del área de frente arco y con espacio y tiempo. Su derechazo preciso para marcar el empate, ni más ni menos que su gol 100 para empezar de nuevo. Enseguida el tractor del equipo, Carlos Sánchez, ese que pestañás lo ves y cuando volvés a pestañar está en otro lado distinto, cortando hacia afuera para buscar ese centro de Solari para poner el 2 a 1 y ahogarle parcialmente el grito de campeón a Racing.

No tardó mucho Bertolo una vez más en desequilibrar por su sector. Con el último dejo de aire que le quedaba para que Solari le convirtiera penal, y que Salcedo estableciera el empate. Pero el mismo volante devenido en lateral en el complemento fue despojándose de conos en el camino para llegar hasta el área de Servio y que Bianchi Arce le cometiera infracción. Herrera, en un partido que dirigió impecable, marcó el punto del penal. Ese arco que para Gigliotti fue un calvario, para Cavenaghi fue un trámite. La responsabilidad que tenía era tanta como la del delantero de Boca. Pero el Torito quería dejarles un mensaje a todos. Está de vuelta y, mientras él esté, casi como un homenaje a ese ídolo de la infancia que se nos fue el viernes, no se preocupen que en lo suyo es infalible. Suena el silbato. Patea. La pelota entra en la red nuevamente. Porque no se contenta con haber llegado al 100, deja plasmado el 101 también. Astucia pura.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

viernes, 28 de noviembre de 2014

Precisión y Justeza (River Plate 1 vs Boca Juniors 0)

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Un recibimiento como sólo River puede hacerlo

¿A qué jugar cuando se dificulta hacerlo? A lo que hizo River ante Boca. Una vez más, este último semestre del año refleja las deficiencias futbolísticas en las que cayó el equipo de Gallardo. Pero todo se puede equilibrar. Y el paso inicial empieza por creer que se puede.

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Barovero ataja el penal de Gigliotti
Y River creyó en sí. Con adversidades que supo superar, y en los que cualquiera podría sucumbir. Porque Barovero hizo mucho en ese penal tan blando pateado por Gigliotti y también por saber recomponerse de ese rebote largo ante un tiro de Carrizo que nuevamente el 9 capturó y que el arquero despejó. Boca había empezado con mucho ímpetu y decisión, aunque con más empuje que claridad, a buscar por cualquier medio el gol. River estaba entre las cuerdas. Ponzio nuevamente jugando al borde de dejar de hacerlo por expulsión (de hecho, la mereció), Mercado y Sánchez sin saber qué hacer para controlar a Carrizo por ese sector, la ofensiva desconectada de la pelota. Pero tantas situaciones sin concretar te tiran el ánimo a las nubes. Y lo que se pierde en un lado, se compensa en el otro.

Ahí fue cuando River confió en sus oportunidades. Sin que en el juego haya mejoras, pero sí demostrando cómo hacerle notar a su rival cuánto le iba a costar lo que desperdició. No titubear para despejar el peligro, llevar la presión allá arriba, nunca descartar la segunda pelota. Y en el pinball en el que estaba dirimido el balón, esta vez a comparación con Racing, se resolvió a favor. Porque más allá de la apertura hacia Vangioni, nadie puede afirmar que el lateral quiso tirar el centro ahí, a la zona muerta de la medialuna donde todos podían y nadie fue. Excepto uno, el que con su teledirigible pie izquierdo podía hacer lo que quisiera con ese magro centro. Y Pisculichi fue hacia allí, anticipándose a la indecisión de los defensores de azul y amarillo. A la ratonera como quien se saca una pelusa del hombro, y a otra cosa.

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Pisculichi marca el gol de River Plate
A partir del complemento, River tuvo chances de ampliar el resultado. Sánchez y Teo sobre todo merodearon con eso. Pero la misión de River fue otra. Con Gago afuera, sin armador Boca de juego, fue obstruirle la dinámica y la verticalidad a Boca. No dejarle espacios grandes para aprovechar las velocidades de sus delanteros. La cuestión fue estarle encima a los que cumplían con estas características. Y esa misión fue cumplida a la perfección. Carrizo al cambiar de punta cayó en las redes de Vangioni y Rojas, ya que el lateral le cubría la banda y el volante sus enganches hacia el medio, tendencia del ex mediocampista de Rosario Central. Chávez ingresó y vaya uno a darse cuenta si tuvo aunque sea una posibilidad de tocar la pelota, algo que recuerda al partido de ida. El delantero debe estar jugando a los dardos con un póster de Mercado en su habitación. Y por último Calleri, quien es un eximio aguantador de pelota, pero al momento de darse vuelta y acelerar no tiene esa chispa para sacarse defensores de encima. Y a ésto súmenle a Ponzio quien, con los decibeles mucho más bajos, supo manejar su amarilla estoicamente despejando todo lo que se le acercara y sin siquiera acariciar a un jugador de Boca.

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Los jugadores estallan de alegría
Los superclásicos hablaron y hablarán de triunfos históricos que quedan marcados siempre. River con ésto no sólo ganó su pasaporte a la final de la Sudamericana, sino que además también en confianza. Eso que había extraviado por ahí y que supo encontrarla para jugarla cuan ancho de espadas. Y el inteligente es el que mejor sabe hallar el momento para usar esa carta.

por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Qué podés dar?

Ansias. Nervios. Ganas de demostrar. River, con un año excelente, queriéndolo ir a coronarlo con una final de copa, en un momento crítico. Boca, con seis meses iniciales de pesadillas, se encuentra al final del 2014 en el polo opuesto intentando que su renovación lo lleve a lo más alto. Tuvimos un antecedente feo hace una semana de un fútbol que ni apareció por la Bombonera. Cambiar para progresar.

Boca y la búsqueda de la voracidad. En su partido de prueba contra Independiente, su delantera cumplió con ese ítem pensando en las 20.45 del jueves, pero con falta de respaldo desde el medio. El mismo problema que en el encuentro de ida por la copa. Si el conjunto de Arruabarrena quiere potenciar ese hambre de gol de sus delanteros, deberá tener mayor presencia de sus volantes en el área de Barovero junto con los laterales, y también tendrá que generar motivos para llegar hasta esa zona. Que los circuitos de juego de los que saben con los pies funcionen, léase Gago, Meli y Carrizo (tendría su lugar por Fuenzalida).

Es aquí River el que en apariencias necesitaría de un bagaje más amplio de opciones para llevar adelante el partido. No podemos contar futbolísticamente lo del último domingo ante Racing, ya que allí hubo muy pocos jugadores que estarán ante Boca. Pero sí desde lo anímico, y eso haciendo mella en el propio juego. Ya no estar en la cima de todo y además que no dependa de River pega en la cabeza. Sobre todo por el semestre de excelencia que venía realizando el conjunto de Gallardo con el bajón hasta lógico, como ya hemos dicho, producto del plantel corto. Por eso, primero de todo, River no deberá pensar en ser como el del inicio del torneo doméstico. River deberá plasmar su ser con los que estén en la cancha. Convencerse en poder y no quedarse sólo en intentarlo. Dejar el vaso de agua de lado.

Desde lo que concierne al fútbol, seguramente volverá a hacerse presente el frenesí que se dio en el Cilindro de Avellaneda. El eje será la serenidad. Construir el gol y que el reloj no haga dejar de lado la precisión. Defensivamente, River tiene con qué frenar a quien juegue. Por más que se trate de jóvenes, ellos ya dejaron sentado que tienen argumentos para frenar a quien esté enfrente. Que Mercado y Vangioni estén preocupados por resguardar su sector pero que también insistan con ser lo punzante que son por lo general en la ofensiva. Que Ponzio sea el equilibrio en la cancha, inclusive en lo emocional, y que la vorágine no haga estragos con él. Que Rojas sea ese socio incansable en la marca y en el jugar. Que Pisculichi sea quien edifique razones para que luego Teo y Mora sobre todo vuelvan a creer en su capacidad goleadora.

Decirlo es sencillo. Creer en volver a ser es la meta. El fútbol se trata de ganar y perder. Para River, más que nunca, la necesidad de un golpe sobre la mesa. Ya se ha visto, le llueven todas las dudas que no habían aparecido en todo el semestre, y ahora debe lidiar contra ellas. Boca, con el deseo de dejar los fantasmas del pasado definitivamente y que el futuro, que ya le llegó, le brinde sus frutos. Nunca de un partido está dicho nada hasta que empieza primero y termina 90 minutos después. Es por eso que, tal como dijeran Las Pelotas, iremos hacia esa cita con la expectativa de lo que ambos nos podrán dar.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Al hincha de River


Te escribo a vos, a ese hincha de River que mañana va a ir a la cancha con su viejo, su abuelo, su hermano, primo o hijos. A vos, que también vas a compartir la tribuna conmigo y con decenas de miles más que ni siquiera conocés pero que sienten lo mismo que vos.

Mañana es "el" día. El día para que los jugadores demuestren que están a la altura de la ilusión que generaron en nosotros. Que dejen todo en la cancha porque enfrente está el rival de toda la vida, pero futbolísticamente. Porque nadie, en su sano juicio, piensa que esto es a vida o muerte. Nadie debe morir o terminar herido. Es un partido de fútbol y todo el folklore antes, durante y después, pero no más que eso. Esto es un juego, una pasión pero no más importante que una familia.

Todos, cuando salgamos rumbo al Monumental, dejaremos una familia que nos estará esperando. Muchos de ellos no lo entienden. "¿Cómo vas a ir a la cancha? ¿No viste lo que pasó ayer?" te preguntan. Y si, es lógico. Pero es más fuerte que nosotros. Y a pesar de ello, no hay que hacer locuras porque esa misma familia, nos espera a la vuelta, sea el resultado que sea. La única tragedia es que no volvamos o tengan que ir a encontrarnos en un hospital.

Mañana tenemos la oportunidad de demostrar que River Plate somos los millones de hinchas que aman al club, aman este deporte y el folklore alrededor de él pero JAMÁS a la violencia. Mañana podemos demostrar que hubo un corte, un quiebre con los violentos y que no los vamos a alentar más. Mañana nosotros tenemos que dar el ejemplo y dejar de hacernos los distraídos para poder exigirle a dirigentes, periodistas, políticos y oficiales de justicia que hagan lo propio. Porque primero dimos el ejemplo nosotros.

Mañana alentaremos a River, no a la violencia. 
Mañana alentemos a River, no a los violentos. 

martes, 25 de noviembre de 2014

El Cartel Electrónico también quedó corto

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Viejo Cartel Electrónico de la Era Aguilar
En marzo de este año anunciamos que River Plate iba a cambiar el cartel electrónico inoperante por falta de mantenimiento y lo reemplazaría por uno con tecnología LED que iba a cubrir toda la superficie.

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Paneles LED del nuevo cartel electrónico de River Plate
Los dirigentes, rápidos de reflejos, lo anunciaron como "el más grande de Latinoamérica" y la noticia se expandió por doquier a medida que se iba desmontando el viejo. El antiguo reloj se exhibirá como parte de la muestra del Museo River, un fiel testigo de decenas de vueltas olímpicas e, incluso, un campeonato mundial.

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El nuevo cartel electrónico LED
Sin embargo, lo que era una gran noticia, comenzó a tener algunos matices. El nuevo cartel no cubrirá toda la superficie. Como se ve en la imagen, tendrá un faltante de 1,5 metros de cada lado y un piso sin cubrir de 2,3 metros. Para disimularlo, están evaluando quitar el techo y, lo peor de todo, es que el faltante de LED será cubierto por mediasombra, al mejor estilo Aguilar.

Mucho se comenta por estos días del "equipo corto" después del último mercado de pases. Ahora llegó el turno de empezar a hablar de un gran proyecto de marketing que paradójicamente también quedó "corto".