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lunes, 21 de marzo de 2016

Inconexión (River Plate 1 vs Banfield 1)

Alario festeja el empate agónico
El técnico Marcelo Gallardo suele utilizar para un partido así una expresión ya muy característica en él: falta de frescura. Esa situación se da cuando su equipo no juega a lo que él quiere, lo que todos ya conocemos de un equipo con su impronta.
 
Eso mismo que él tenía cuando vestía la 10. Jugar y hacer jugar. Conectar. Y por un juego de sinónimos y antónimos, lo que hoy sucede es lo contrario. River usa el conectar como un acontecimiento aislado, no como una regularidad.
 
Eso pasó contra Banfield. Nada salía limpio desde los jugadores locales encargados de ese menester, además de estar muy largo en el campo de juego el equipo. Entonces Ponzio no lograba ser conector desde atrás con los desequilibrios de adelante, producto también de la férrea marca del Taladro sumado al oficio de Erviti para dormir el partido cuando se precisaba.
 
Tampoco tenía conexión por los laterales. Mayada y su vértigo antes que el razonamiento, y Vangioni tapado por el sacrificio de Simeone.
 
La excepción a esta regla fue la calidad y la claridad de D'Alessandro. En sus pies se rompía todo problema. De hecho la mejor asociación del primer tiempo logra el penal que luego Mora se encargó de fallar. Lo único que fallaba para esta virtud del Cabezón era que ninguno de sus compañeros estaba demasiado fino para que no quede tan solitario. El famoso efecto contagio.
 
A cambio, Banfield sí tenía de eso. Y cuando apareció, fue mucho más nítido. Colella y Soto buscando por izquierda con espacios, y Silva adentro del área fabricandose el suyo para su gol. Ya dicho acá lo que a Ponzio le cuesta la cueva.
 
El apuro contra el aguante. River buscaba contra el frontón Matheu-Pérez. River luchaba mano a mano contra su propia falta de puntería, consecuencia de la ansiedad. Y más aún cuando D'alessandro fue sustituido. No había más conexión posible. Partido de velocistas con Mayada, Viudez, Driussi y Pity Martínez.
 
Pero entró Alario. Para buscar allá arriba. Y sopló un centro de una pelota parada para desorientar al arquero rival Arboleda y darle el empate sobre el final. Un empate logrado así, de un suspiro y casi pidiendo permiso. La inconexión le dio una tregua en el resultado

 por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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