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lunes, 28 de marzo de 2016

Underwood, estás ahí?

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La política asoma en el Monumental
Cuando D’Onofrio perdió frente a Passarella por 6 votos, cayó en tal depresión que dejó de ir al club, dejó de ir a la cancha. Muchos lo castigaron durante la campaña por esto, pocos lo entendieron.
Tal es así, que para remarcar su presencia en el Monumental, se hizo fotografiar en la platea baja con Enzo, con quien tuvo chispazos durante 2009 por uno de sus candidatos a vicepresidente.

Desde que es presidente de River, tomó un extremado protagonismo. No había medio en el que no haya una entrevista al líder del “equipo”, como le gustaba decir. El sweater rojo sobre sus hombros vio cómo un Ramón heredado –y nunca querido-, le regalaba la estrella 35. Algo realmente impensado durante la campaña.

D'Onofrio le responde a Ramón
Sin embargo, Ramón pegó el portazo y se fue. No quiso seguir siendo destratado por un presidente que lo fustigaba por Twitter. Por lo bajo, D’Onofrio no permitía, entre otras cosas, que le quitaran protagonismo, aunque lo hiciese el DT más ganador de la historia.

Ramón y Emiliano le dejaron un equipo consolidado, dinámico y ganador. Gallardo le dio las pinceladas finales y River se transformó en un verdadero ícono del buen fútbol. La Sudamericana y la Libertadores con sendas eliminaciones a Boca catapultaron a D’Onofrio como uno de los presidentes más coperos en la historia del club.

Y volvió la tentación. “El cucurucho le gusta más que el sushi”, dijo alguien que lo conoce al detalle. Están hablando del micrófono, una tentación irresistible. “Le ponés un micrófono delante y dice cualquier cosa”, comentó otro. Esta tentación lo llevó a confesar aquello que había prometido post derrota con Passarella cuando le dijo el 23 de Septiembre del año pasado a Gustavo López en Un Buen Momento, “Yo creo en algo, en que no hay que perpetuarse. Créame que dentro de dos años y pico, terminaré mi mandato y alguien estará ocupando mi lugar. Las ganas no son infinitas y ahí empiezan los errores. Yo creo que debe haber siempre una renovación”. Ese párrafo retumbó como un trueno en el anillo del Monumental.

Por lo bajo, en el club confiesan que esto es parte de un acuerdo. D’Onofrio coqueteó mucho con la idea de no presentarse. A tal punto que “dejó correr” a Patanian como su candidato. Y un día revirtió su decisión. Pero había un problema. Sin Passarella como candidato, D’Onofrio no era el único. Brito crecía y Caselli lideraba las encuestas. Sabida es la enemistad, en aquél entonces de estos últimos dirigentes. D’Onofrio tuvo que elegir, y optó por la lógica, la inexperiencia.

La fórmula ganadora
Así formó su frente. Los fondos los aportaría Brito, la ingeniería electoral Santilli y la confianza Patanian. El trabajo de campo? Una obligación de todos los que formasen la lista de vocales y asambleístas.

La fórmula ganó la elección, campeonato y copas pero hoy, promediando el mandato, también salen a la luz falencias graves de funcionamiento, celos y pases de factura. Francescoli confesó no haberse ocupado de la renovación de Sánchez y otro jugador campeón se fue libre del club, algo que se volverá a repetir en junio con Vangioni y Barovero con el antecedente de Rojas. Tu Lugar en el Monumental llegó al punto del ridículo. Los socios que pagan ese abono antiestatutario ven como se venden entradas todos los partidos destruyendo el principio de “no hay lugar para todos, es necesario un abono para ordenar el estadio”.

El club mejoró sensiblemente, pero la base de comparación son los dos peores presidentes de la historia. Uno lo arruinó económicamente, el otro lo mandó al descenso. Ordenar las cuentas y ganar títulos generaron un contraste abismal y más aún siendo copas internacionales. Sin embargo, ninguno llegó al punto de perder jugadores campeones en los sucesivos libros de pases. Aguilar los vendía a cualquier precio y en cualquier momento, pero recibía algo de dinero. Passarella vendió hasta cuando se fue al descenso.

A pesar de estas falencias, hasta la oposición coincide en que D’Onofrio debería presentarse. “Nadie más autorizado que yo para decir que, si bien falta mucho, D’Onofrio merece ser reelecto. Así se lo anticipé al presidente en varias oportunidades”, sorprendió Caselli a este medio en Octubre pasado. También lo hizo Garfunkel cuando le dijo a este medio “D’Onofrio está haciendo un gran trabajo”.

Esto hace que en River solo se aventuran a discutir si conviene cambiar la fórmula. Y ahí comienza el desfile de nombres para las vicepresidencias.

Durante la campaña D'Onofrio dijo que "el que gane, va a gobernar por 20 años". Esto abre dos caminos, una lista de unidad con Caselli o hacer la rotación. En dicho caso, la duda que subyace en el anillo del Monumental es si existió un pacto con el banquero y D’Onofrio intentará imponer a Brito, alguien que está cada día más presente en los medios dando noticias institucionales del club, un rol que siempre ocupó el Presidente.

Si hubo pacto, habemus campaña.


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Actualización de las 16:46hs

D'Onofrio acaba de declarar en Indirecto (TyC Sports): "Si los socios, los dirigentes y mi familia me acompañan me gustaría tener un nuevo mandato en River".

De esta forma, se desdice a sí mismo condicionando su decisión a esos tres factores, de los cuales el primero y el segundo se descarta el acompañamiento mientras que "la familia" es la excusa perfecta que servirá hasta el momento de elegir, como hizo en la última elección con su silencio hasta meses antes del acto eleccionario.

Visto desde la política agonal, una reacción lógica para evitar perder poder de cara al último año y medio de mandato.

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