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jueves, 29 de octubre de 2015

Dale gracias (Chapecoense 2 vs River Plate 1)



Sánchez, Carlos Sánchez, River Plate, River, Chapecoense,
Sánchez grita el gol

Hay teorías que en el fútbol se derriban, como la de que el débil está perdido en la previa. Nadie gana antes del pitazo inicial en un partido. Los recursos del más débil fueron demasiado para un River que sólo tiene que atinar a agradecer estar en semifinales de la copa Sudamericana.

Porque el conjunto de Gallardo dependió de rendimientos individuales, el de equipo se queda en la columna del debe. Con tan solo una variante respecto del partido de ida, cambiaron las formas pero no el fondo de la cuestión que es que no hay un nexo vinculante para que el equipo encuentre fluidez. Está bien que Ponzio sea el que lidere la presión hacia adelante desde un eje central, pero el paso siguiente es buscar conexiones rápidas con Pisculichi o Sánchez; por el contrario se vio mucha distancia como para que Cléber Santana sea dueño del mediocampo y dejar expuesto en la marca a Kranevitter, sin contar además el poco abastecimiento a Mora y Driussi dedicados más a la lucha. Sin embargo, dinámica y precisión cuasi una semana atrás le dieron ese gol con gusto a oxígeno en la serie. Centro-pase teledirigible de Pisculichi, Sánchez tocando y llegando para marcar, porque siempre es mejor llegar que estar, contradiciendo casi descaradamente la letra del hermoso tema de Spinetta Jade. A pesar de todo, dale gracias a ese rapto de lucidez. Quizás, uno de los pocos.

River ha sabido en estos tiempos de cosechas cómo también cuidarlo en la adversidad, en situaciones apremiantes. En Brasil esta vez perdió esa batalla. No sólo que Mercado y Casco no gravitaron en ataque con su voracidad ofensiva, sino que en defensa fueron sometidos en gran parte del tiempo por Ananias y por Maranhao. Y hasta incluso con el apoyo de los laterales del conjunto brasileño, como el primer gol de Rangel con el gran desborde y centro de Dener. Lo de los centrales no fue la excepción. Rangel les tomó el tiempo a Maidana y Balanta y siempre ganó por anticipación, de espalda para pivotear o cortando entre las espaldas de ambos. El segundo gol de los de Ferreira dio muestra de que las clavijas estaban lo más floja que se podía estar. La fragilidad del colombiano para que Thiego le ganara en ese cabezazo al centro del área chica, donde el 2 se olvidó de quizás el delantero más peligroso de la noche.

No se podía progresar. Entonces a sostener. Y en ese rubro Barovero se calzó en parte el traje de cumplir a rajatabla con la premisa, con la salvada nuevamente ante Rangel, y además tomando la postura de congelar los momento de mayor acoso del Chapecoense. A eso dale gracias, como también a la falta de eficacia de Neto para no errarle a tres metros de la línea de gol o de Thiago Luis para que no tuvo la frialdad suficiente para enfocarse bien en ese cabezazo que, de pique al suelo y ante un Barovero rendido, pegó en el travesaño.

Se terminó la serie. Modesta alegría. Nada de exacerbar esta historia. Había conciencia de que el trámite fue más de lo que se esperaba. Bien valía para el Chapecoense el túnel con aplausos como recibieron los Pumas en el mundial.
 
 
por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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