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viernes, 6 de noviembre de 2015

Despertar (River Plate 0 vs Huracan 1)

Un gol insólito producto de la desconexión de la defensa
Cuesta imaginarlo, pero sucede. Es como en nuestra vida de todos los días, que no podés entender cómo a veces alguien pasa de blanco a negro, sin importar en cuánto tiempo hizo el traspaso. River hasta hace no mucho deslumbraba por su juego, ayer nomás maquillaba sus falencias con presencia y prepotencia. Contra Huracán quedó expuesto de todas sus carencias.

Es cierto que hay circunstancias individuales que en determinados casos reviven una historia. También es fácil recurrir a los ausentes como ese ensamble que no está en este equipo para unir las partes resquebrajadas. Maidana con Funes Mori eran Batman y Robin, una defensa inquebrantable que hoy no encuentra su recomposición. Porque ni Balanta volvió a adueñarse de su puesto ni la juventud de Mammanna trajo la salvación. Y sobre todo si eso se potencia con rendimientos de jugadores que supieron estar en la cresta del fútbol argentino y hoy no coordina movimientos. El gol de Espinoza, ese golpe sobre la mesa que Huracán estaba mereciendo dar, llega no sólo por una carambola. Es una lectura de carencias. El pase hacia un espacio muy vacío por falta de posicionamiento sumado a un cruce que por defecto y por apuros favorecía y no dejaba opción más que el perfil hábil de Casco. Y allí estuvo el volante del Globo para bloquear a Barovero y marcar diferencia.

Mientras tanto, a River le faltaban sociedades para construir hacia delante. Así como en su momento el contexto hacía prescindir de Ponzio, el rosarino es ese engranaje de conexión. Porque su experiencia esconde bajo la alfombra defectos con sus carajeadas y su panorama de juego. Es menester que jueguen todos conectados. Por eso, y más allá de su situación apremiante en el torneo doméstico, no deja de ser significante al por mayor el rendimiento de Vismara, amo y señor del mediocampo ayer. Pero la foto muestra que se está abierto por demás sin influir en absoluto. Tabaré Viudez puede dar fe.

Y esa falta de liderazgo recién Lucho sobre el final se encargó de plasmarlo en una situación de juego neto, que tuvo el plus de ser un mano a mano con Marcos Díaz que Casco y Saviola no supieron resolver en conjunto. River necesitó de 80 minutos para que su confianza le haga imponer supremacía constructiva por sobre los de Domínguez. Pero fue tan sólo eso, un instante.

Como siempre, nada está dicho. River se acostumbró el último tiempo a no ceder ningún torneo y a ganar gran parte de todo lo que afrontó. Pero hoy necesita despertar a una realidad que lo deja sin respuestas sin futbolísticas ni anímicas. Es necesario.

 
 
por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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