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jueves, 30 de julio de 2015

Nos conocemos bien (Tigres 0 vs River Plate 0)

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Maidana, la figura del partido
8 de abril del 2015. Tan solo 112 días después de su último enfrentamiento, con realidades futbolísticas. Tanto en nombres como en su consolidación dentro de la Copa Libertadores. Tigres y River, con un conocimiento previo del otro, llegaron al partido de ida de la final en un estado constante de alza. Y con los recaudos suficientes a tener en cuenta.

Tigres desde la faceta defensiva se encontraba con algo totalmente distinto a Teo. De una cuestión más servida que privilegiaba el colombiano para poder desarrollar su juego, Alario se mueve dentro del terreno fangoso y quizás fue su arma más inquietante sin haber tenido situaciones de riesgo ante Guzmán. Fue con lo único novedoso desde lo individual, porque a Mora ya lo conocía. El uruguayo había sido su peor pesadilla. Y esta vez, quizás afectado por alguna molestia física, se estancó sobre todo en el sector derecho de la cancha y se perdió en la nebulosa propuesta por Juninho y Torres Nilo. Misma suerte corrieron Sánchez y Tabaré Viudez, y Bertolo y Pity Martínez cuando entraron, más allá de que daban indicio de una frescura interesante que duró un suspiro. Todos sufrieron siempre de la marca mayoritaria de los de amarillo, comandada por Pizarro y Arévalo Ríos.

La mitad de la cancha se vieron cuestiones desde lo novedosas hasta las más lógicas. A falta de aquel Pisculichi, Tigres sabía que el indicado para marcar el ritmo de juego en River es Ponzio. Y el conjunto mexicano fue inteligente para mantenerlo preocupado en dos ámbitos, ya que no le dejaba margen de maniobra con la pelota en su poder y además en la preocupación de un Arévalo Ríos extrañamente tan lanzado al ataque acompañando las segundas jugadas, como aquel encuentro en el que marcó el 1 a 0 con un remate desde la medialuna tras captar un rebote. Así fue como más de una vez el uruguayo se encontró en situación favorable hacia el arco de Barovero. En contrapunto a todo ésto, el equipo mexicano nunca supo cómo contrarrestar a Kranevitter. De vuelta en ese nivel sublime que nos encanta a todos, el tucumano llega hasta el punto de ridiculizar a sus rivales por lo fácil que realiza un robo del balón. No le hace falta ningún arma, sólo basta con su jerarquía. Sobis soñará con él y con que no tenga éste nivel dentro de siete días.Y a eso, el plus de no equivocarse en ese necesario primer pase claro.

River tenía también alguina referencia del ataque de Tigres. Alvarez situado por izquierda tenía la misión de intimidar la subida de Mercado al ataque dejando un posible espacio para ser explotado. Logró parte de su trabajo, porque se vio un lateral bastante contenido. Pero no llegó nunca a desnivelarlo, a tal punto que el juego se inclinaba más que nada por la zona de Damm, este alémán de 22 años que se sumó a Tigres y que parecía al inicio hacerlo pasar un mal momento a Vangioni. Y no fue tan así. Por último, la estrella estrellada contra el frontón Maidana. Casi al mismo nivel que Sobis con Kranevitter, Gignac no tuvo nunca nada que hacer ante el primer marcador central de River de un excelso nivel demostrado tanto en este partido como en la serie con Guaraní, aquella con Boca con Calleri primero y Osvaldo después, y varios etcéteras más. Parte vital.

Esperado. De experiencias vive el hombre. Quisieron, pero no supieron cómo al saber mucho del otro. Nadie produjo en 90 minutos un efecto de dominio absoluto. Temores de conocer las virtudes ajenas y de exponer las debilidades. En siete días, ante éste estado de paridad, la clave estará en quién rompa ese molde de conocimiento previo


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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