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viernes, 15 de mayo de 2015

Estamos Todos Enfermos

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Kranevitter en el piso del túnel luego de ser agredido
Saquémosnos un rato las camisetas. ¿Quién instauró la idea en la sociedad de hacer las cosas en el fútbol escudándose en el folclore? Cuánto daño le ha hecho eso y le sigue haciendo. No importa desde dónde empieza y cómo luego se disemina las distintas y supuestas "burlas".

Porque es tan solo una pelota rodando, nada más. ¡Qué verso eso del orgullo, de quién tiene más hombría que quién! Esas cosas no las determina precisamente el fútbol ya que es un juego, un deporte, no una condición indispensable para la vida humana. Justo en el día en que se lamentaba el fallecimiento del jugador de San Martín de Burzaco, Emanuel Ortega, y en el que toda la Bombonera se llamó a silencio en su homenaje, la misma estupidez humana llevó a atentar contra la integridad física ajena. ¿Acaso importa demasiado que la camiseta sea contraria a los sentimientos y pasiones de uno para llevar a cometer semejante acto? Y quiero insistir con algo, hoy se llama Boca, pero ésto le cabe a todo nuestro fútbol. Desde AFA para abajo. Todos cómplices. Todos mirando para otro lado. Y nadie se hace cargo.

No quedan dudas. La era de la tecnología deja en evidencia a absolutamente todos. Un partido de fútbol se puede suspender. Se puede dejar un estadio clausurado por la cantidad de tiempo que sea. Y todo detallado y evidenciado en las redes sociales, nombrando personal interno de un club para ajustar las clavijas y que la coartada salga a la perfección. De un lado y del otro dejan todo al alcance de la mano. Llamado a la solidaridad para pedir la aparición de la idoneidad e inteligencia. Se extraviaron hace mucho, y nadie sabe dónde está.

Cualquier palabra en momentos de tensión puede ser contraproducente. Cualquier situación para llamar la atención para las cámaras es sinónimo de un show innecesario. Sin importar si te toca estar de parte de la víctima o el victimario, la dirigencia se encarga de arreglar las cosas afuera del campo de juego, no adentro, para poder tener la cabeza más fría y tomar la mejor decisión para la institución. No en donde el clima y el aire se corta con una tijera y que todo puede sonar hasta desafiante e hiriente. Inexplicable lo hecho por D'onofrio también, más allá de que sea menor su acto, porque a pesar de eso elevó tensiones en los jugadores y en las tribunas, hasta poniendo incluso en riesgo su persona.

Leal es el reconocimiento de mucha gente de Boca que sentenció y repudió lo sucedido. Honesto es bañarse de empatía y comprender que por cómo se lastimó a jugadores rivales no había otra alternativa que la suspensión. Porque quién dice, quizás, lo próximo a suceder era muchísimo peor. Este escándalo, premeditado, se escribe con letra imprenta. El impacto negativo que genera ésto en lo global deja una verdadera mancha. Las otras son de chiquitaje. Mientras tanto, el 6 de junio habrá una final de la liga de campeones en Europa, donde la organización, la competitividad, el despojo de egoísmos, la seguridad y un sinfín de cosas más están garantizadas de forma positiva. No nos quejemos, todos aportamos para estar cada vez más lejos de ese ideal.

Cierto, hubo 45 minutos de un partido de fútbol que todos estábamos esperando. Pero mi decepción es más fuerte para comentar algo al respecto. Sepan disculpar.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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