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viernes, 22 de mayo de 2015

Ansiedad (River Plate 0 vs Cruzeiro 1)

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"Peor no podemos jugar" Gallardo, luego del partido
15 de mayo del 2015. Un nuevo día comenzaba en la República Argentina. Uno de esos bien pero bien grises, y no es precisamente a meteorología a lo que hago alusión. Un papelón del cual ya se ha emitido opinión, después de 45 minutos de un control total sobre Boca que corría con el caballo de la necesidad. 21 de mayo del 2015. Tras decisión acertada de la Conmebol en hacer acceder a River a cuartos de final, quizás la única parte bien aplicada de la sanción a Boca, el rival de turno se llama Cruzeiro. Pero River se equivoca, cree que enfrente todavía está el rival de hace siete días atrás.

La cabeza carbura diferente. Había ganas de vomitar toda rabia contenida por lo que pasó e intenciones de demostrar que esa supremacía seguía siendo tal. Pero esta vez quien estaba enfrente era un rival fresco, no desde lo deportivo ya que el conjunto de Marcelo Oliveira marcha último en el Brasileirao, sino desde lo mental. Sabía que iba a encontrarse con un equipo argentino que iba a querer imponer jerarquía, oficio y sobre todo presencia en su cancha. Y se preparó para tal situación.

Porque es cierto, en el primer tiempo River fue el de las situaciones más claras, a pesar de que Cruzeiro también tuvo las suyas. Y no sólo eso, quiso entablar el asunto lo más lejos posible de Barovero. Como contra Boca. Así fue como el trabajo de quite y explosión por las bandas de Sánchez y Martínez, sumado al tempo que marcaban Kranevitter y Ponzio en el centro del mediocampo surtía efecto para generar las mejores situaciones en el local, con Mora siendo en la delantera el jugador con mayor peso y presencia para la terminación de la jugada, ante un Teo nuevamente ausente y con un arquero visitante como Fabio atento y rápido de piernas para achicar los espacios de definición.

River se sentía ahí de concretar. Lo olía. Lo sentía. Pero una vez más pensó en el partido con Boca. Quería poner la serie 2 a 0, como para asegurar todo y dar por decretado el tema. Pero la realidad le marcaba otra cosa. Iba 0 a 0, con un rival nuevo. Y el tiempo empezó a correr, y ese gol que abriera la serie a su favor no llegaba. Y la cabeza empezó a mandar señales de agotamiento. Con la pérdida del control, Cruzeiro comenzó a soltarse del fondo y a darle dinamismo al ataque con Marquinhos y Willian. Y un error más grave aún fue creer que el contexto ayudaba para sobrecargarse de confianza. Así fue como Maidana y Funes Mori sobre todo, junto con las dudas de un Barovero eximio a la hora de atajar pero dubitativo en lo que concierne al juego de piernas, le brindó ocasiones al Cruzeiro, que ya en el segundo tiempo plantó bandera en el fondo para especular con la contra.

Mientras tanto, River seguía mostrando signos de haber quemado todo en un primer tiempo de liberación. El complemento fue un concierto de ver circular el balón hacia los costados, que sumado a la falta de movilidad y de opciones no le daban originalidad ni creación al juego. La entrada de Cavenaghi le dio toques y situaciones para pensar en que un cambio por cimbronazo podía nacer. Pero el contexto futbolístico del equipo no ayudó. Ni siquiera el aire fresco de Mayada ni la conducción ineficiente de Pisculichi. La meseta en su máxima expresión.

Cruzeiro fue allanándose el camino. Por virtudes y defectos. Huecos generados por la falta de cobertura y las incomodidades generadas a los defensores sumadas a la presencia de Gabriel quien ingresó en lugar del enganche De Arrascaeta le dieron a los brasileros más armas para llegar ante un River que mostraba debilidades defensivas. Llegó el primer signo con la pelota salvada en la línea por Vangioni tras un desborde de Gabriel y un remate de Willian. Y ya cuando el partido parecía determinar que el cero les era negocio a unos y otros, Mammana despejando defectuosamente hacia el medio, una vez más Gabriel molestando y llegando a rematar ante la salida blanda de Barovero, rebote y Marquinhos con el arco a su merced marcando ese gol tan valioso del visitante.

Los paños fríos del afuera tras lo sucedido no tuvieron su correlato con el adentro del partido de ida de los cuartos de final. River quiso mandar en esta historia sin tener la certeza de cómo hacerlo ante un rival diferente. Los pasos son de a uno. Caso contrario, la ansiedad nunca falla a la hora de comer cuando la sangre está tan a su alcance.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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