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jueves, 4 de diciembre de 2014

Todo y Nada a la vez (Atletico Nacional 1 vs River Plate 1)

Una final digna. Nada de especulaciones. Entender que el ataque es el arma para destrabar un partido. Dos equipos que tuvieron un abanico de posibilidades para sobreponerse por sobre el otro. Pero ninguno pudo tachar al otro. ¿Por qué?

El conjunto colombiano pecó sencillamente de ineficaz. Un primer tiempo en el que no le dio respiro a su rival, sólo concretó una vez. Atlético Nacional fue amo y señor de esa primera mitad, tomando como primera medida aislar a la ofensiva de River. Bocanegra, Henríquez y Murillo hicieron lo que quisieron con Mora y Teo, a quienes ya se les nota demasiado su falta de gravitación dentro del área. Distintas causas le corresponden a cada uno. Por su parte, Mejía como encargado de tapar a Pisculichi, cumplió su tarea a la perfeccion.

Ya con ésto resuelto, quedaba todo por hacer enfrente. Y allí hubo intérpretes excelsos. A este equipo Cardona le es todo. Pausa, inteligencia, técnica, lectura de juego. Y una gran precisión como el  lanzador principal. Bernal, Berrío (ojalá Vangioni pueda dormir después de lo mal que la pasó con él) y Copete  (sí, ese errático delantero ex Vélez) se cansaron de ir al espacio para llegar a pases perfectos del enganche, ayudados por la cancha que era un billar, y por Ponzio que no encontraba formas para parar a Carmona. Después, la efectividad como déficit. Sendos mano a mano que eyectaron una vez más a Barovero como figura, centros puntillosos mal cabeceados. Y en muchas de estas situaciones, Copete como actor principal... de una de terror. Recién sobre el cierre Berrío le comió por enésima vez la espalda a Vangioni para vencer a Barovero.

Gallardo necesitaba tocar algunas teclas, sobre todo desde lo tactico. River necesitaba que Atlético Nacional tuviera menos cancha para correr. Por eso juntó las líneasy por eso ya no se vio tan descompensado. Además se sumó que los colombianos no soportaron el ritmo vertiginoso del primer tiempo. Y allí entró en escena River. Con más espacio hacia adelante, pudo circular mejor la pelota y llegar más confiado al arco de Armani. La técnica de Teo más el desorden prodictivo de Sánchez lo pusieron al uruguayo mano a mano. Pero mientras atrás, salvo un cabezazo en el palo, estaba todo controlado, adelante era el tiempo de Pisculichi.

Corrido hacia un costado y saliendo del radar de Mejía, el enganche tuvo panorama y espacio para llevar a cabo su rol de conductor. Y también para que Armani conozca más sobre sus mejores armas. Primero con esa bomba de tiro libre al ángulo que el arquero despejó, y luego con esa bomba en movimiento que Armani tuvo que ir a buscar adentro, con una tardía reacción producto de no ver el remate salir de ese pie zurdo, u obra de arte, como más les guste. A partir de ahí, Atlético Nacional intentó volver al partido con la receta del inicio. Y mejor prevenir que curar para Gallardo, aunque el ingreso y la vuelta del gran Kranevitter no debió haber sido por el ex Argentinos. River apostó más que nunca a la contra antes que tener la pelota como lo hizo hasta su gol. ¿Tuvo llegadas? Claramente. ¿Cuántas desde una clara gestación? Ninguna. Por ende, fue más una moneda al aire esperando a que salga ganador, como por ejemplo el ni centro ni al arco de Cavenaghi.

Nada está dicho. Una serie abierta. Pudieron haberse quedado con gran parte de ella en Colombia cualquiera de los dos. Ahora será el momento de saber quién tiene las convicciones más claras para dejar sin nada al otro.



por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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