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jueves, 12 de mayo de 2016

Trapito, inmortal

Trapito, inmortalizándose
Había llegado el día. El cruce que esperamos años. El que muchos temían, aunque no lo expresasen.

Había una chance. Si. Allá, cero a cero. Ese resultado traicionero. Un gol nos complicaba la vida. Una probabilidad demasiado grande.

Una semana eterna. Los rituales. Las procesiones, por dentro y por fuera. Las cábalas. Si, esas que fallaron muchas veces.

El Monumental ardía de ansiedad. De optimismo. Se fue poblando. Rugió en el recibimiento. La piel se erizaba.

En un abrir y cerrar de ojos, lo único que se veían eran caras de consternación. Si, otra vez lo mismo. Siempre lo mismo. Gol de nuca. Gol de mitad de cancha. La ruleta rusa decía que hoy tocaba de penal.

“Tranqui, lo ataja” no lo creía ni el que lo decía. Mientras, vos ahí en la raya.

Pitazo, tiro y tu mano derecha inmortalizándose, sin saberlo. Provocando algo jamás visto en la tribuna. Abrazos entre desconocidos. Llantos desconcertados. Plegarias al cielo. Hinchas de rodillas agradeciendo. Décadas yendo a la cancha, nunca nadie lo había visto. Era el desahogo. Estaba todo perdido. Nos reviviste.

Aliento ensordecedor. La herida acababa de cicatrizar. Ya estaba. Sabíamos que no solo no se escapaba el partido. Tampoco la Copa. En ese momento, no importaba más nada. Estaba todo dicho. Desde ese día, serías “Trapito, inmortal”.

Antes que pises el Monumental por última vez, un solo mensaje: Nuestro arco lo cuidaste demasiado. Toca cuidar de los tuyos.

Pero nunca te olvides que jamás te olvidaremos.

Gracias