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jueves, 9 de abril de 2015

Una teoría hecha cenizas (Tigres 2 vs River Plate 2)

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Mora, el héroe
Desde una cuestión personal, les confieso a todos que, como les habrá pasado a muchos, una vez más veía la desilusión en el horizonte a raíz del resultado futbolístico. Ya creo que en esta copa River se ha embriagado mucho de decepciones. ¿Ejemplos? Sobran. Un presente millonario navegando en la inestabilidad, de repente con picos allá arriba, y con otros allá bien abajo, ambos polos referidos a lo individual y lo colectivo, y tanto en la copa Libertadores como en el torneo local.

A raíz de ésto, y quien escribe asume lo siguiente para muchos aspectos de su vida, surge una teoría, una convicción. Porque este River pareciera no encajar en esta edición. No hay un partido que se recuerde demostrando supremacía absoluta ante rivales en los papeles accesibles (San José y Juan Aurich) o en situación de paridad (Tigres). River aún no se llevó tres puntos en ningún encuentro ni siquiera en su propia cancha. En el torneo doméstico, en cambio, está en franca remontada para una competición en la que recién transcurrieron ocho fechas, un cuarto de la misma. Ante este panorama, lo que llega mal barajado, es preferible dejarlo. ¿Para qué insistir aunque fuera la competición más importante del continente si, contradiciendo a Gustavo Cerati, el viento no sopla a favor? Además, y sin querer establecer ésto como una verdad absoluta, estoy seguro hasta por una cuestión lógica que es preferible no sufrir en lo local con algo que después te atormente como los promedios, a pesar de que hoy no sea el caso (pero no hay que confiarse por demás tampoco), que en lo internacional más allá de lo que signifique ésto en la economía de cualquier club. Entonces, ante tal contexto, tal planteo.

Como decíamos, una vez más lo futbolístico avala esta teoría. River navegó en la intrascendencia. Tuvo más la pelota que su rival, pero aún en este momento se deben estar preguntando para qué si no sabían qué hacer con ella. Equipo largo con falencias totales en sus conectores. Exceptuando a Ponzio que sólo estuvo 14 minutos en el campo de juego, Kranevitter y Pisculichi, quienes por posición y roles son los encargados de que todos jueguen, no pudieron nunca suplir el déficit de ser quienes apuntales el camino. Al tucumano lo perjudica lo largo del equipo, ya que por características suele resguardarse más entre los centrales que el rosarino, si su pase tiene un destino a 30 metros de distancia, pierde sentido la salida clara desde él. Y Pisculichi demuestra que en el fútbol se vive de momentos, y hoy el suyo para River es contraproducente desde su improductividad. Por eso se hace esencial que el Pity Martínez esté entre los once. Hay necesidad de rebeldía, y nadie mejor que al ex Huracán le cabe esa bandera.

Una vez más River regala goles, más allá de las virtudes del rival. Porque Arevalo Ríos podría haberle por centímetros pegado a la pelota en el palo o afuera, o por otros tantos pero para el otro lado atajado Barovero. Pero fue ahí bien al borde del palo para marcar el 1 a 0. Ahora, sólo la falta de concentración hace que se ignore a la segunda jugada, a la pelota que sale rebotada hacia afuera donde un rival espera para un remate afuera del área. El uruguayo todavía agradecido. Y el segundo gol proviene de la falencia arriba mencionada. Sólo Pezzella mirando la jugada de frente y en desventaja por el 2-1 entre Jiménez y Sóbis. El juvenil debió haber cortado la jugada con falta en tal situación, pero jamás pensó que las coberturas también llegaban tarde, sumado a Kranevitter viniendo desde muy atrás. Y ni que hablar Sánchez, que no sale en la foto, que cuando cambia el esquema para que juegue de volante interior, de su desorden y avaricia por ir hacia adelante Tigres en este caso se hizo un festín por el aprovechamiento del espacio. Ante ésto, el ex River, Damián Álvarez, para poner el 2 a 0. Una realidad que abrumaba disfrazada de aplanadora para los de Marcelo Gallardo.

Pero las historias se cuentan cuando hayan llegado a su fin. No por una cuestión de optimismo y de ilusiones, quien quiera tenerlas está en todo su derecho, sino por una cuestión empírica: ver primero qué pasa, y después a expresarse sobre los acontecimientos. En un café, en el trabajo, en casa, con amigos o en un artículo periodístico (oral o escrito). Le será más fácil a quien tenga las ideas claras para saber cómo salir al sol. O por lo menos intentarlo. River empató el partido, por creer que no solamente los de uno se pueden equivocar, sino los de enfrente también. O por la lucidez de salir de la muchedumbre para buscar un centro y tener la pelota de frente al arco y espacio suficiente para sucumbir al arquero.

River tiene un guía que no sufrió la merma en su rendimiento respecto del año pasado, que más allá de luchar solo porque Teo, su habitual compañero, no contribuye, sabe cómo arreglarse en esa soledad; y que por sobre todo es quien puede cambiar todas las teorías con respecto a este River inanimado y hacerlas polvo. Silencio por favor, Rodrigo Mora trabajando.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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