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jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Qué podés dar?

Ansias. Nervios. Ganas de demostrar. River, con un año excelente, queriéndolo ir a coronarlo con una final de copa, en un momento crítico. Boca, con seis meses iniciales de pesadillas, se encuentra al final del 2014 en el polo opuesto intentando que su renovación lo lleve a lo más alto. Tuvimos un antecedente feo hace una semana de un fútbol que ni apareció por la Bombonera. Cambiar para progresar.

Boca y la búsqueda de la voracidad. En su partido de prueba contra Independiente, su delantera cumplió con ese ítem pensando en las 20.45 del jueves, pero con falta de respaldo desde el medio. El mismo problema que en el encuentro de ida por la copa. Si el conjunto de Arruabarrena quiere potenciar ese hambre de gol de sus delanteros, deberá tener mayor presencia de sus volantes en el área de Barovero junto con los laterales, y también tendrá que generar motivos para llegar hasta esa zona. Que los circuitos de juego de los que saben con los pies funcionen, léase Gago, Meli y Carrizo (tendría su lugar por Fuenzalida).

Es aquí River el que en apariencias necesitaría de un bagaje más amplio de opciones para llevar adelante el partido. No podemos contar futbolísticamente lo del último domingo ante Racing, ya que allí hubo muy pocos jugadores que estarán ante Boca. Pero sí desde lo anímico, y eso haciendo mella en el propio juego. Ya no estar en la cima de todo y además que no dependa de River pega en la cabeza. Sobre todo por el semestre de excelencia que venía realizando el conjunto de Gallardo con el bajón hasta lógico, como ya hemos dicho, producto del plantel corto. Por eso, primero de todo, River no deberá pensar en ser como el del inicio del torneo doméstico. River deberá plasmar su ser con los que estén en la cancha. Convencerse en poder y no quedarse sólo en intentarlo. Dejar el vaso de agua de lado.

Desde lo que concierne al fútbol, seguramente volverá a hacerse presente el frenesí que se dio en el Cilindro de Avellaneda. El eje será la serenidad. Construir el gol y que el reloj no haga dejar de lado la precisión. Defensivamente, River tiene con qué frenar a quien juegue. Por más que se trate de jóvenes, ellos ya dejaron sentado que tienen argumentos para frenar a quien esté enfrente. Que Mercado y Vangioni estén preocupados por resguardar su sector pero que también insistan con ser lo punzante que son por lo general en la ofensiva. Que Ponzio sea el equilibrio en la cancha, inclusive en lo emocional, y que la vorágine no haga estragos con él. Que Rojas sea ese socio incansable en la marca y en el jugar. Que Pisculichi sea quien edifique razones para que luego Teo y Mora sobre todo vuelvan a creer en su capacidad goleadora.

Decirlo es sencillo. Creer en volver a ser es la meta. El fútbol se trata de ganar y perder. Para River, más que nunca, la necesidad de un golpe sobre la mesa. Ya se ha visto, le llueven todas las dudas que no habían aparecido en todo el semestre, y ahora debe lidiar contra ellas. Boca, con el deseo de dejar los fantasmas del pasado definitivamente y que el futuro, que ya le llegó, le brinde sus frutos. Nunca de un partido está dicho nada hasta que empieza primero y termina 90 minutos después. Es por eso que, tal como dijeran Las Pelotas, iremos hacia esa cita con la expectativa de lo que ambos nos podrán dar.


por Matías Prado
Ex Clarín Deportes

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