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lunes, 20 de octubre de 2008

La rivalidad más intensa del mundo, según ojos extranjeros

Por Caroline McCain 
Para LA NACION 

El ambiente único que se vive en un River-Boca, registrado por la mirada de una periodista estadounidense

En los Estados Unidos hay rivalidades. En el futbol americano existe la rivalidad entre los Washington Redskins y los Dallas Cowboys. En el mundo del béisbol hay una rivalidad histórica entre los Boston Red Sox y los New York Yankees. Y mi universidad, en Carolina del Norte, es una mitad de la rivalidad más importante y más ardiente en todo del mundo de los deportes universitarios. Con sólo 15 km entre las dos universidades, el antagonismo es aún más intenso. Pero después de ver el superclásico puedo decir que todas esas rivalidades son insignificantes en comparación con este partido histórico.

En un torneo Apertura en el que River está sufriendo, quizás este choque no es lo mismo que lo que suele ser habitualmente. Pero no importa. Es fútbol, la pasión de tantos argentinos. Y es un superclásico, el partido más importante del año. Fuera como fuere, los hinchas iban a llenar la cancha con sus gritos.

Estuve en el Monumental la semana pasada para el partido entre la selección y Uruguay. Vestida en mi camiseta celeste y blanca, grité y salté hasta el ultimo pitido con todos los otros argentinos. Pero sabía que este partido entre Boca y River sería completamente diferente. Sería distinto a cualquier espectáculo al que haya asistido en mi vida.

El partido en sí mismo fue feo. River jugó sin mucho propósito y sin fuego. Boca también, sin emoción y sin rumbo. Parecía que ninguno de los equipos quería ganar. Pero el ambiente fue otra cosa. La experiencia fue casi demasiado para mis sentidos. El ruido de las canciones y de los gritos, las banderas, el humo colorido y el confeti... Así como la cantidad de policía habló de otro tipo de intensidad y animosidad.

Antes de que el partido empezara, la mayoría de la gente estaba de pie, gritando orgullosamente por River. Subió el tono cuando entró la hinchada de Boca. Después, cuando apareció la barra brava, el ruido se hizo ensordecedor. Y sería sostenido por unas horas.

Nunca en mi vida he visto tanta pasión y tanta emoción demostrada por un grupo de fans. Nunca en mi vida he visto una hinchada visitante hacer tanto ruido, aun cuando solamente hubo 2000 de ellos. Y nunca en mi vida he visto un estadio entero, después de un gol del otro equipo, empezar a gritar y cantar aún más fuertemente para ahogar a la hinchada rival. Aunque River no jugó muy bien, la gente en el Monumental no paró de gritar y de cantar. Cuando parecía que ya no había esperanza, la hinchada todavía continuó alentando, sosteniendo la ilusión.

El superclásico fue distinto a cualquier otro acontecimiento deportivo al que haya asistido en mi vida. Ahora que he presenciado la rivalidad más intensa del mundo, creo que cualquier partido al que vaya de aquí en más parecerá algo pequeño.

Lunes 20 de octubre de 2008 | Publicado en edición impresa 

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