¿Cómo se construye la gobernabilidad en River Plate? Para entender el mapa político actual, primero hay que revisar la historia reciente. La legitimidad en Núñez no siempre se basó en el mismo principio: pasó de responder a la vida social del club a refundarse desde los éxitos deportivos, hasta llegar al modelo bicéfalo de hoy entre la micropolítica y la macropolítica.
El recorrido histórico: De Aguilar a la refundación de D'Onofrio
El camino hacia la legitimidad política moderna en River atravesó diferentes etapas marcadas por rupturas y reseteos:
El modelo tradicional pre-Passarella y el colapso de Aguilar
Históricamente, el poder se definía por el equilibrio interno de las actividades del club y la Comisión Directiva. Una porción minoritaria de socios y entusiastas de la política definían elecciones que se resolvían por pocos miles de votos. En ese esquema, socios sin interés en el fútbol decidían los destinos de la institución, y la pelota terminaba subsidiando la vida social y los deportes federados, lo que le quitaba recursos valiosos al fútbol profesional. Este principio rector se rompió con el quiebre económico e institucional del segundo mandato de José María Aguilar.
La ruptura de Passarella
El deterioro del club, sumado a la necesidad de resultados y al crecimiento local e internacional del eterno rival, terminó de romper el principio de legitimidad social para darle lugar al fútbol. En 2010, la popular "bajó a votar" y la redonda desplazó al club. Un exjugador como Daniel Alberto Passarella se transformó en presidente.
La refundación de Rodolfo D'Onofrio
Tras el colapso futbolístico, económico y una profunda crisis institucional, las fuerzas políticas internas y externas se involucraron para dar origen a un nuevo orden.
El mundo River se encolumnó detrás de un nuevo presidente de origen empresario quien, de la mano de los títulos internacionales, construyó el consenso necesario para blindar la micropolítica y proyectarse a la macropolítica.
La micropolítica es el equilibrio que se da entre el fútbol, los consensos en la Comisión Directiva y el club social y deportivo. La macropolítica es la segunda capa de equilibrios. Veremos cómo se construyó.
Lo excepcional de D'Onofrio fue llegar impulsado por una demanda 100% futbolística y, desde allí, construir un principio de legitimidad completamente nuevo sustentado en cuatro pilares: éxitos deportivos internacionales, equilibrio político interno y externo, y una fortaleza institucional que blindó todo para luego avanzar con obras de infraestructura postergadas durante años, como el césped y el proyecto de estadio listo para implementar.
D’Onofrio dejó al club en un consenso total que le permitió a Brito subir un escalón más: la macropolítica.
Jorge Brito, la macropolítica al poder
Jorge Brito lo sucedió apostando todo a esa macropolítica institucional, constituida por el estadio y la multiplicación de recursos, con enorme éxito. Su error consistió en creer que la micropolítica se ordenaba sola. Delegó el manejo del fútbol en Enzo Francescoli y Matías Patanian, su vicepresidente primero. Sin embargo, todo estalló en el segundo semestre de 2023. Demichelis tuvo el episodio del off the record, minando su llegada en el vestuario mientras el eterno rival avanzaba hasta la final de la Copa Libertadores.
¿El resultado? Se quebró la pax oficialista. La micropolítica temblaba al ritmo de sus pilares: el fútbol y la Comisión Directiva. La tranquilidad cotidiana estaba en riesgo a mitad de mandato.
De ese desequilibrio se erigió un nuevo orden en la micropolítica: Stefano Di Carlo como candidato a presidente, reemplazando a Patanian, y en el fútbol, Gallardo volvió como un profeta.
Esa vuelta a la paz le permitió a Brito surfear el resto del mandato centrándose en la macropolítica anclada en el Estadio Monumental y RiverID, creado por Stefano. Brito no solo lo remodeló y amplió su capacidad, sino que el estadio se transformó en un multiplicador de recursos que pusieron a River en otra categoría mundial, mientras que RiverID amplió la base de socios a niveles récord en el mundo, generando un flujo de fondos estable para continuar el crecimiento.
La legitimidad en el poder había construido una nueva capa. El hincha está orgulloso de tener el mejor estadio, la mayor cantidad de socios y una máquina de generar ingresos. Brito había sellado su legado.
Stefano Di Carlo: la construcción de un nuevo tablero
Tras la ruptura del equilibrio político en la Comisión Directiva, Stefano Di Carlo emergió como un actor clave que entendió un principio fundamental: sin éxitos deportivos ni equilibrio político interno, no hay espacio para nuevos proyectos en la macropolítica.
El actual presidente tejió una nueva legitimidad desde la Secretaría General, Marketing y Prensa:
- Consensos internos: Alineó las fuerzas del oficialismo para lanzarse como candidato de un espacio sin fracturas ni disidencias. Además, consiguió rápidamente el aval explícito de Jorge Brito.
- Consenso externo: Ante ese panorama, el círculo rojo de empresarios y políticos riverplatenses del país lo abrazó y le dio su respaldo al niño mimado de D’Onofrio.
- El respaldo del Pater Patriae: Rodolfo D’Onofrio le dio el respaldo más importante. Así como en el Imperio Romano existía un título honorífico otorgado por el Senado, D’Onofrio siguió el proceso y, al ver que había conseguido los consensos, lo respaldó públicamente.
- Reordenamiento de fichas: Brito decidió salir de escena y sus piezas dentro del organigrama de poder se cobijaron rápidamente bajo el ala del nuevo presidente quien, además, le pagó políticamente a Taratutti su trabajo con el estadio. Emergieron figuras como Forchieri y Manuel Vidal, mientras Ballotta y Villarroel continúan el legado de la alianza original. Trezeguet y Patanian fueron atraídos con roles “diplomáticos” para el club. “Están todos adentro”, decían al cierre de listas. El consenso se había ampliado. Hasta Chiqui Tapia le entregó una placa en la asunción.
- Neutralización opositora: Las elecciones otorgaron a Trillo el rol opositor, pero se desdibujó rápidamente al votar prácticamente todo junto al oficialismo, y emergió por fuera Kiper como la figura que contiene a los descontentos, pero sin poder de fuego real. Un verdadero outsider en la sala de espera.
De esta forma, se alinearon la micropolítica y la macropolítica en el club. Pero si la macropolítica marca el rumbo a largo plazo, la micropolítica late al ritmo del día a día y tiene en su conformación su propia criptonita, el fútbol.
Una final perdida insólitamente, un mercado de pases signado por un container y el récord inédito de derrotas encadenadas provocó que Stefano tenga que afrontar la peor crisis de legitimidad desde la llegada de D’Onofrio en 2013. Y el club puso toda la carne al asador.
Rodolfo D’Onofrio, el Pater Patriae de River Plate, salió públicamente a marcar errores y pedir paciencia para pacificar y blindar su legado. Había visto que el rumbo no era el correcto. Y en el primer piso lo escucharon atentamente.
Di Carlo se expuso en todo nivel. No solo reunió a los actores de la política para dar explicaciones —dicen que muy contundentes—, sino que expuso su legitimidad en una conferencia de prensa donde pidió disculpas por el container, repasó cada una de las decisiones y respondió todas las preguntas para explicarle la realidad a los hinchas. Los cánticos en el Monumental contra la Comisión Directiva habían calado hondo.
La política de River reordenó el tablero bajo un nuevo principio de legitimidad robusto, complejo y exigente, de dos niveles, y cuyo principio fundamental sigue siendo el fútbol, pero con un hincha mucho más exigente que en 2013.
La “Pax Monumental”
Mientras el oficialismo permanezca cohesionado, los equilibrios no se vuelvan a alterar y no irrumpan factores externos desestabilizadores, la "Pax Monumental" conseguida permitirá la gobernabilidad del club.
Ahora falta que la caprichosa vuelva a entrar: el talón de Aquiles que puede derrumbar hasta a un gigante.

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